El trasvase del Ebro

 

Álvaro Alonso Lorés (1°ESO C La Salle Gran Vía)

La escasez de agua en determinadas zonas de España es un hecho probado. Por su posición meridional y mediterránea, se puede considerar la Península Ibérica como la zona más árida de Europa.

La precipitación anual de España es el 85% de la media europea. Por el número de horas de insolación, el país posee la tasa de evado-transpiración más elevada del continente y, por el contrario, las precipitaciones son de las más bajas. A todos esos problemas hay que unirles la escasez de recursos hídricos y, a la vez, el mal reparto sobre el territorio.

La escasa precipitación existente se distribuye de una forma irregular. Donde hay más población, hay a veces menos oferta de agua.

Para abastecer de agua el este y sur de la Península Ibérica, donde hace falta para el regadío y el turismo, el PHN (Plan Hidrológico Nacional) propone un trasvase de agua procedente del río Ebro. Además, también se tendría que desviar agua del Ebro hasta el Área Metropolitana de Barcelona donde los recursos hídricos son casi nulos, debido a la mala calidad del agua de los ríos Llobregat y Besós. Una actuación de esta envergadura genera impactos ambientales muy importantes.

El más destacado es la regresión que sufriría el Delta del Ebro. Ya desde el último siglo, esos sedimentos han ido disminuyendo drásticamente debido a la construcción de presas y pantanos. De esta manera, el espacio deltaico ha entrado en regresión.

Este hecho se vería empeorado si se hiciera el trasvase, puesto que se reduciría el caudal y, en consecuencia, la irrupción de agua marina dentro del delta. Se calcula que en 25-30 años, una cuarta parte del Delta quedará cubierto de agua del mar Mediterráneo.

 

 

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