Lugar equivocado

 

Sandra Moreno Santolaria (2º ESO San Valero)

Algunos dicen que hay infinitos infiernos, y que cada uno va al suyo propio. Es verdad. No sé cuánto tiempo llevo aquí encerrado, en este lugar húmedo y oscuro. Quizá días, quizá semanas, quizá meses o quizá, incluso, años. Todo por un estúpido error.

Por aquel entonces era joven y me creía capaz de hacer todo lo que me propusiera. Hasta que oí hablar de Ella. Circulaba una leyenda que decía que en el bosque más divino, habitaba una hermosa y seductora dríade, que se encargaba de proteger a sus árboles. Aunque nadie podía probar su verdad. Yo era periodista, pero todavía no había conseguido que me publicaran ningún artículo y pensé que sería la oportunidad de mi vida.

Así que viajé al foco de esta leyenda --un pueblecito en una colina, cercano a un frondoso bosque-- y me hospedé en un albergue llamado La Dríade. El primer día lo pasé merodeando por el pueblo e investigando los alrededores. Y, al día siguiente, me puse manos a la obra. Primero, decidí entrevistar a varios de sus habitantes sobre la leyenda que circulaba sobre el bosque. Mi llegada al pueblo fue un boom, ya que nadie antes se había interesado sobre aquello, y me trataron a cuerpo de rey. Todos querían ayudarme y dar su opinión. Acabé el día con mi libreta a rebosar. Al amanecer siguiente, pedí a un hombre que me acompañara a explorar los lindes del bosque. Su reacción me asustó. En su cara apareció una auténtica mueca de terror y me suplicó con un hilo de voz que no lo hiciera. Al preguntarle el por qué, negó con la cabeza y me contó que varias personas se habían atrevido a adentrarse en el bosque y jamás habían regresado. Al oír aquello, algo en mi interior se reveló. No iba a perder la oportunidad de mi vida por unas pocas desapariciones. Si tenía que ir solo, iría solo.

Preparé algo de comida, porque no sabía cuanto tiempo me costaría, y me dirigí al linde. Del interior del bosque, llegó a mí el sonido del piar de los pájaros y de la brisa entre los árboles y no entendí como aquel paraíso podía ser tan terrible. Tendría que haberme dado cuenta de que hasta los paraísos pueden convertirse en infiernos.

Confiado, me adentré en el bosque. Estaba tan entusiasmado, que no me daba cuenta de que cada vez iba más rápido, y que a cada paso que daba, la vegetación se espesaba más. Era una necesidad. Sentía que algo en el bosque me llamaba y quería llegar lo antes posible. Hasta que no pude avanzar. Entonces me di cuenta de lo que ocurría. Había caído en su trampa. Estaba perdido, estaba muerto.

Lo último que recuerdo antes de llegar aquí, es una risa alegre y diabólica resonando por todos los lados. Eso me pasa por meterme donde no me llaman. Y solo porque estaba en el lugar inadecuado en el momento inadecuado.

 

 

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