Herida invisible

 

Henar Fernández Aznar (IES Cabañas)

Ahora río sin fuerza, pero recuerdo aquel tiempo cuando al soltar una carcajada, parecía que el alma se me salía y volvía a entrar. Era tiempo en el que estaba prohibido estar triste y no se podía bajar la cabeza.

No era importante el resultado, éramos felices solo con estar juntos. Un sentimiento increíble, conjunto y perfecto, todos unidos luchábamos por lo mismo, un equipo en el que sólo existía la palabra victoria; todo eso se acabó, con un tiro en el último segundo de una persona que no sabía el daño que hacía realmente.

Todo esto terminó con la mirada triste de una niña de quince años, que miraba a través del cristal de la ventanilla del coche y de las gotas de agua cómo, poco a poco, ese sentimiento de unidad, junto con el resto de personas que la habían hecho feliz, desaparecía.

No pudo aguantar, salió del coche y fundió en un abrazo todos los sentimientos del universo, que se chocaron con la mirada esperanzadora del abrazado. Ellos se llevaron mi sonrisa y mi carcajada y desde entonces, aquí sentada junto a la soledad y la esperanza, espero que me la devuelvan.

 

 

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