¿Por qué no cambiar la rutina?

 

Ana Carmen Lorente Carvajal, IES Cabañas

Todas las mañanas tu madre te llama: "¡Venga despiértate!". Y tú: "Ya voy, ya voy", pero te quedas en la cama un buen rato, te da pereza levantarte, estás muy cansado, por la noche te ha costado dormirte. Cuando ya has decidido levantarte, descorres la cortina, te pega todo el sol en la cara y te cuesta abrir los ojos. Aún estás medio dormido y tienes que vestirte para ir al instituto, no te apetece nada quitarte el pijama, tienes frío, te vistes apresuradamente y cuando ya estás preparado vas al baño, te lavas la cara y al fin te despiertas del todo, te peinas y te cuesta mil horas. Después, tienes que ir a la cocina para beberte el desayuno y como ya no te queda casi tiempo lo haces muy rápido, tan rápido que casi te atragantas. Te pones el abrigo, coges la mochila, la carpeta y cuando ya tienes todo sales corriendo de casa ¡Vas a perder el autobús! Cuando por fin llegas te sientas, coges aire y te fastidia no haberlo perdido.

 

 

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