Cuatro estaciones

 

Silvia Vela, IES Juan de Lanuza de Borja

PRIMAVERA
La niña, envuelta en su imaginación, descorre las aterciopeladas cortinas propias de un castillo de princesas. Al abrir las enormes cristaleras, la inocente y soñadora niña descubre la primavera, alegre y jovial. Ante tal espectáculo, la niña, embriagada por el olor de las flores, se queda contemplando en la ventana el canto de los pájaros multicolores.

VERANO
Llegó el verano y junto a él, la entrega de notas para todos los estudiantes. Esa misma mañana el adolescente había recibido también las suyas y al mediodía anunció a sus padres las cinco asignaturas suspensas. Se excusó de mil maneras, pidió perdón otras tantas, prometió lo impensable y, por último, suplicó piedad ante el inminente castigo: ¡todo el verano sin salir! Subió a su desordenada habitación y abrió la ventana, el sol calentaba su rostro y permaneció inmóvil ansiando libertad.

OTOÑO
La madre de familia, sumida en sus problemas, no se percató del paso del verano y la llegada del otoño. Un día más, la madre abrió la ventana de su habitación para ventilar la atmósfera impregnada de rutina. A través de la ventana vio caer las hojas del árbol y, por un momento, deseó ser un árbol y que cada una de esas hojas se correspondieran con cada uno de sus problemas. Allí se quedó, mirando cómo el árbol se despojaba de todos sus problemas.

INVIERNO
Había llegado el invierno y también las primeras nevadas y las heladas más tempranas. El débil y enfermo anciano intentó en numerosas ocasiones abrir la ventana, pero el frío y el hielo la habían congelado; así que se limitó a sentarse en el sillón orejero y esperar con resignación la hora de su muerte.

 

 

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