Tres semanas

 

Andrea Gil, 3º C La Salle Montemolín

Se despidió de sus amigas en el mismo sitio de siempre, a la misma hora de siempre, quizás un poco más tarde. Pero eso ya lo decidirían sus padres.

Esa noche quiso cambiar de aires, ir por otro camino, explorar las calles de la desconocida ciudad, que se abría ante sus ojos como un enorme bosque de cemento, atravesado por sinuosos ríos de asfalto.

Siempre había sido confiada. Siempre había pensado que a ella no le pasaría nada, por lo que no le importó que aquella calle estuviera oscura, carente de cualquier atisbo de vida, a excepción de ratas y otros habitantes de las cloacas.

Se adentró en esa masa de oscuridad, en la que, a veces, durante unos segundos y con un parpadeo incesante se encendía alguna farola que colgaba de las fachadas de los grisáceos edificios. Caminaba tranquila, sin miedo, casi disfrutando de aquella inmensa nube negra. Al final, una luz. Ahí acababa la calle. Y ella continuó andando... De repente, un dolor agudo, la mente en blanco, un sueño profundo.

Despertó. Le deslumbró una luz, tan blanca como su pálida piel. Y silencio. Tanto, que incluso podía oír una música que parecía provenir de su interior. Recordó que una vez leyó que hay un lugar en el corazón donde una columna de luz irradia una preciosa melodía, siempre diferente. ¿Sería esa mágica canción la que oía? Se quedó con la duda.

La música cesó. Una dulce voz tranquilizadora le decía que no temiera. Una punzada y vuelta al sueño.

De nuevo abrió los ojos. Miró a su alrededor, estaba en la misma sombría calle de hacía un tiempo, no sabía cuánto. Echó un vistazo al móvil. Eran las doce. Llegaba tarde, muy tarde. Corrió a su casa, asustada por el extraño suceso vivido.

Al entrar, la policía interrogaba a sus padres sobre una desaparición. Quizá fuera la suya, no lo sabía. La vieron, se alegraron, le abrazaron. La policía dijo algo como "caso cerrado" y se marcharon; no sin antes haberle preguntado qué le había pasado. Sólo obtuvieron un "no lo sé". Nunca supo lo que ocurrió aquella noche, y, la verdad, no quiere saberlo. Pero estuvo tres semanas desaparecida.

 

 

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