Para recordar

 

Laura Andrés Fontana, Zaragoza

Todo empezó aquel día, soleado y caluroso. Javier se levantó de la cama y decidió llamar a sus amigos para ir a dar una vuelta. Nadie podía, excepto Luis. Quedaron, se encontraron y decidieron ir al parque; una vez allí empezaron a jugar al fútbol. Luis era el portero y Javier le lanzaba el balón, en un intento de meter gol, lo falló y la pelota se fue directa a un arbusto, Javier todo decepcionado fue a buscarla y, cuando abrió el arbusto para buscarla, se encontró un duende y detrás de él un mundo nuevo.

Él decidió llamar a Luis. Los dos se quedaron muy sorprendidos por esto y decidieron seguirlo. Entraron y vieron un mundo mágico, encantador, lagos preciosos, montañas que llegaban hasta las nubes, un lugar donde todo niño quisiera estar.

Luis y Javier empezaron a explorar, vieron huellas de dinosaurios, de muchos animales enormes que en un momento, sin saber por qué, comenzaron a correr. Más tarde se dieron cuenta de que el duende les había cogido la mano porque les perseguía el único dueño de esa tierra, Isaac. Se escondieron y el duende les devolvió al parque, se quedaron sin habla y cada uno se fue a su casa. Llamaron a todos sus amigos y se quedaron con la boca abierta e incluso algunos ni se lo creían. Al día siguiente, volvieron al mismo lugar y sucedió lo mismo, excepto que esta vez conocieron a Isaac, era un chico normal y corriente como ellos. Lo que pasa que vive en soledad porque le da miedo relacionarse con los demás y no le gustaba nadie. Les contó también que había una chica llamada Paula que le gustaba y que alguna vez lo visitaba, pero se ponía nervioso y decía muchas tonterías.

Todos los del grupo quisieron ayudarle y el día que fue Paula ahí, todo estaba precioso y ella por supuesto muy contenta. Estuvieron hablando y las horas pasaban muy deprisa, estaban todos muy cómodos con esa convivencia. Estuvieron charlando, jugando e Isaac no se puso nervioso. Ya era tarde y Paula tenía que irse. Se quedaron ellos solos y muy felices, pero la próxima vez lo tenía que hacer él solo.

Toda la pandilla se volvió al mundo real e Isaac se quedó en su mundo muy ilusionado. Decidió quedar más veces a solas con ella. Y no se ponía nervioso, todo iba genial, hasta que un día Paula vino llorando, tenía una mala noticia. Se iba a vivir a otro lugar con sus padres. Los dos se quedaron mirándose fijamente con los ojos muy brillantes y terminaron abrazados y llorando. La despedida y los recuerdos se quedaron allí. Al cabo del tiempo le llegó a Isaac una carta que le llevaba Javier, era de ella. Todo se quedó en una preciosa amistad con un final que nadie quería.

 

 

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