"Caso Luciano"

 

Victoria Ripalda (La Salle Montemolín)

En el País de las Lámparas, donde conviven todo tipo de faroles y candelabros, existe una ciudad llamada La Luz. Es un lugar hermoso y habitualmente tranquilo. Pero esa mañana todos los habitantes de estaban consternados. Allí, sobre el frío suelo de la acera, yacía Luciano (un farol metropolitano), cuya bombilla no volvería a encenderse nunca más. La cabeza estaba abierta y los cables de su interior se repartían por el suelo. "¡Díos mío, un asesinato aquí, en La Luz!". El barrendero, un viejo y cascado candelabro que cada mañana se encargaba de limpiar las aceras de fusibles, había dado la alarma.


"¡Detective Candela!". Un Farolillo que emitía una luz muy tenue se acercó abriéndose paso entre el barullo de lámparas hacia Candela, una muy recta y alta farola de prestigio nacional debido a los innumerables y complicados casos que había resuelto, y a quien la policía faro-criminalística le había cedido el caso. El Farolillo se detuvo a escasos pasos, aguardó unos instantes hasta recobrar el aire, quiero decir, la energía: "El comisario Llama le envía esto".


Candela se giró hacia el cadáver de Luciano. Ya era hora de ponerse a trabajar. "¡Vamos señores, hagan el favor de dispersarse! ¡Aquí no se les ha perdido ninguna bombilla!" A regañadientes, y con las luces titilando de indignación, se dispersaron hasta que se quedaron a solas ella, el cuerpo, y su ayudante, Lumus. "¿Qué opina señora?", le interrogó Lumus, una lámpara de estilo clásico. "No hay marcas de lucha o pelea... tampoco fue un atraco, no llevaba nada de valor...", explicó Candela.

Dio unos pasos alrededor del cuerpo hasta que vislumbró un charco de agua a su lado. Lo observó un momento y, de repente, se le encendió la bombilla. "Dime Lumus, ¿llovió anoche?" "" --respondió rápidamente-- "en todos los telediarios nos avisaron para que no cometiéramos la imprudencia de salir a la calle, el agua va fatal para nuestros circuitos".

"Luciano, al igual que tú, era un farol, y los faroles estáis protegidos contra la lluvia. Además en el cuerpo no aparecen signos de cortocircuito", respondió Candela. "Luciano salió a dar una vuelta" --continuó--, "en un determinado momento resbaló con el agua de lluvia, cayó y ¡crash! Cables por aquí, bombilla rota por allá..." Lumus asintió y la miró con admiración. "¡Impresionante!".

 

 

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