Un sueño

 

laura Mireira Martín Muñoz, 2º ESO Colegio Romareda

Ella cerró los ojos.

El Sol tenía un vaso, un vaso de cristal, verde y tierra. Un vaso de vida. El Sol iba paseando y se encontró con una canica. Al acercarse, el vaso se le cayó y se rompió en más de mil pedazos, más pequeñitos que un grano de arena. Los pedacitos, el verde y la tierra se esparcieron por toda la canica. Con el tiempo, el verde y la tierra formaron montañas, bosques y valles. Y el cristal, moldeable, ocupó los lugares que el verde y la tierra no habían poblado: nuestro mar. Entonces el mundo era todo vegetación y cristal. El Sol, que había observado impasible el proceso, se volvió acercar a la canica y fue quemando las plantas más cercanas a él, y evaporando el cristal, formando los desiertos y las nubes.

La Luna, amiga de éste, intentando impedirlo, se acercó también y heló las plantas a su paso. Así creó los polos. El Sol y la Luna, avergonzados por lo que habían hecho, se retiraron de la Tierra. El Sol se quedó quieto mirando a la Tierra y la Luna sigue sin parar de dar vueltas hasta nuestros días. Cuando tú y yo miramos al mar y observamos la proyección del Sol sobre las olas, esas estrellas brillantes, estamos viendo los antiguos pedazos de cristal que originaron el mundo.

Ella abrió los ojos.

 

 

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