La cara de la libertad

 

Ingrid Betancourt ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

Era joven, rebelde, intrépida, luchadora e impetuosa. Quizá por eso, en el año 2002, cometió la imprudencia de viajar sin protección a la zona selvática de El Caguán, tres días después de que se rompieran las negociaciones entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Al negársele la posibilidad de acceder al lugar en un helicóptero del Ejército, Ingrid Betancourt decidió viajar en coche, a pesar de las voces que le advertían del riesgo que corrían. Junto a ella iba su fiel compañera, Clara Rojas, que fue liberada unos meses antes que ella. El vehículo en el que viajaban fue detenido por las FARC. Y ahí dio comienzo la larga historia de más de seis años de cautiverio, que han convertido a Ingrid Betancourt, primero en el símbolo del secuestro y, después, tras su liberación, en el rostro de la libertad. La concesión reciente del premio Príncipe de Asturias de la Concordia la ha ensalzado como una figura universal para la paz.

Muchos otros han sido en este tiempo secuestrados y liberados por la guerrilla colombiana. Algunas voces dicen que Betancourt está teniendo demasiado protagonismo. Sin embargo, otros muchos, como el jurado de estos premios, por ejemplo, creen que por su perfil político y su popularidad "ella personifica a todos aquellos que en el mundo están privados de libertad por la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la violencia terrorista, la corrupción y el narcotráfico". Además, el jurado ha destacado "la fortaleza, dignidad y valentía con las que Ingrid Betancourt se ha enfrentado a seis años de injusto cautiverio". Y es que estos dos puntos, primero la lucha y luego el cautiverio, han sido claves en la creación del fenómeno Betancourt. La política que se había hecho famosa por decir en medio del Congreso que su país estaba gobernado "por un delincuente", en referencia al entonces presidente Ernesto Samper, o que el partido con el que se inició en política, el Partido Liberal, era "una cueva de ladrones y corruptos" fundó su propio partido y con él se inscribió como candidata presidencial. Por eso, su última prueba de vida, una imagen en la que se la ve encadenada, triste y demacrada, dio la vuelta al mundo, haciendo temer por su salud y por su fuerza interior, y convirtiéndola en el símbolo del sufrimiento colombiano. Al crecimiento de la incertidumbre sobre su futuro se unió el hecho de que algunos de los secuestrados que fueron liberados durante el cautiverio de Betancourt coincidieron en reconocer que la joven política era como la joya de la corona para las FARC, ya que la consideraban la rehén más valiosa a la hora de canjearla por presos políticos. Consciente de su estatus de moneda de cambio, Betancourt intentó diferentes fugas, pero todas fueron fallidas, hasta que una operación militar del Gobierno de Colombia la puso en libertad en julio de este año.

Desde entonces, Betancourt no ha parado de hacer declaraciones y ha prometido ser la voz de los secuestrados. De momento, su discurso en los premios Príncipe de Asturias fueron un clamor contra la pasividad de quienes se mantienen como espectadores, de quienes no toman parte porque "resignarse es morir un poco", señaló. Y también pidió diálogo para combatir el terrorismo. "Pido diálogo, pero también pido que no haya impunidad", añadió.

Una política de raza llamada a hacer historia

Ingrid Betancourt nació en Bogotá (Colombia), en 1961. Su padre, Gabriel Betancourt, fue Ministro de Educación, y su madre, Yolanda Pulecio, congresista y embajadora en Guatemala. Estudió Ciencias Políticas en Francia, donde su padre era embajador ante la Unesco. Allí se casó con un diplomático francés, con quien tuvo dos hijos. Tiene doble nacionalidad franco-colombiana. Tras su liberación, ha recibido la Legión de Honor Francesa en grado de Caballero, de manos del presidente Sarkozy y ha sido nombrada 'Mujer del Año 2008'.

A debate: Una llamada para salir a la calle por los secuestrados el 28 de noviembre

Se ha hecho una llamada universal para concentrarse el 28 de noviembre para pedir la libertad de todos los secuestrados de Colombia. "Desde este mundo donde lo tenemos todo, les pido que nos ayuden a tenderle la mano a quienes lo perdieron todo", clama Betancourt. Añade: "Hoy debemos más que nunca usar la voz para romper cadenas".

Antes de su secuestro, Ingrid Betancourt había escrito dos libros: Sí sabía (1996), sobre la presunta financiación de la campaña presidencial de Ernesto Samper por el cártel de Cali, y La rabia en el corazón (2001), publicado en Francia, en el que criticaba la corrupción de la clase política de su país.

Visita: www.fundacionprincipedeasturias.org

 

 

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