¿Dónde está nuestra imaginación?

 

Mateo ferrer (IES Pirámide)

Imaginad la siguiente situación. Ocho y media de la mañana. Es un miércoles que se ha levantado con pocas ganas de enseñarnos nuestro adorado sol, cosa no muy extraña en un mes tan triste como noviembre. Una vez reunidos todos, nos dirigimos hacia la oscura clase. Nos atrevemos a entrar. Tras la angustiosa situación de empezar un nuevo día escolar, hay que escribir un relato, una poesía o un cuento para la clase de Lengua. Todos dudamos sobre qué elegir, pero, al final, todos los compañeros se deciden por el relato. Como no voy a ser menos, elijo también el relato.

Con meticuloso cuidado separo una hoja de mi cuaderno y, con puño firme, cojo mi bolígrafo. Pero, de repente, me percato sobre una cosa muy importante: no tengo ni idea de qué tema voy a escribir. Los minutos pasan lentamente, como si el tiempo bajara su ritmo sólo para fastidiarme. Sigo sin encontrar ni una pizca de inspiración. Esos son momentos de angustia; te sientes en la más absoluta adversidad.

Estáis tú y el papel. Solos. Frente a frente. En ese momento te acuerdas de los típicos duelos de vaqueros, en los que se mascaba la tensión en el ambiente. Parece que de un momento a otro el folio te va a decir: "Desenfunda, vaquero". ¡Eso es! ¡Ha surgido la idea! Podría escribir sobre cómo te sientes al no tener ni idea de cómo hacer un relato.

Al final, decido tomar este tema y escribir sobre él en mi relato. Me surgen pensamientos por todos los lados. ¡Lo he conseguido! Pero no sin esfuerzo y sin haber pasado unos momentos fastidiosos. Cuando ya llego al final me acuerdo de una de las verdades que siempre me ha dicho mi abuelo: "El que sigue, la consigue".

 

 

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