Una gota de agua

 

C. Cancedo / C. Gómez, IES Ángel Sanz Briz

Esta es la historia de una pequeña princesa, que se llamaba Elizabeth, ojos verdes, como un campo después de llover, rasgos frágiles y una sonrisa siempre espontánea. Hija de reyes, pero con una sencillez impresionante, y de ello se quejaban sus padres. Ella era la más pequeña de los hijos y la más rebelde. Su carácter era bastante soñador. Siempre que podía ayudaba a los más desfavorecidos y la veían siempre los aldeanos cantando por el pueblo. Una vez que sus padres se enteraron de lo que hacía con los aldeanos, decidieron castigarla. La encerraron en su cuarto, solo podía comer y dormir. Esto le causó una gran depresión.

Lloró semanas y semanas, pero no se rindió y pudo escapar de aquella tortura. Saltó desde su habitación y corrió todo lo que pudo, era feliz porque sentía la lluvia caer por su dulce rostro. Era bastante inexperta, ya que sólo tenía 16 años. Huyó de su familia, huyó de sus miedos, huyó de todo aquello que la hacía infeliz.

Se disfrazó de aldeana, se cortó el pelo, hizo muchos cambios en su vida que le ayudarían a que no la descubrieran. Ella adoraba el agua, siempre que podía se bañaba en aquella cascada, y lo disfrutaba como ella sabía. En una luna llena, salió a bañarse en la cascada, el reflejo de la luna en el agua le inspiró una gran nostalgia, ella quería ser un reflejo de aquella agua, quería ser parte del agua, quería ser "esa gota que la guiaría al sol". Con una gran sonrisa en la cara, se introdujo lentamente, con aquel vestido de satén favorito y lloró.

En aquel momento la luna desapareció y dio paso al sol, pasaron dos minutos y la chica consiguió lograr su sueño, pertenecer a algo tan natural y tan bonito como el agua. Sus padres dieron con su paradero y fueron a buscarla, se dirigieron a la cascada y encontraron sus pertenencias en una roca. Junto a esa roca un mensaje escrito en la tierra que decía: "Soy feliz, padres, pertenezco a algo, soy parte de algo", en ese momento su madre se derrumbó, maldecía haberse portado así con su hija, pero miró el sol, y sonrió, y dijo: "¡Mi hija es feliz!"

Desde aquel momento, la historia de Elizabeth fue comprendida por todos. Si no cuidas algo, lo puedes perder. Yo sólo quise interpretar esta historia, como algo habitual en nosotros. El agua es un bien escaso, si no lo cuidamos lo perderemos.

 

 

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