Un adiós para el recuerdo

 

Carmen Marta y José Antonio Gabelas (Periódico del

Solo hace 14 meses, unas 400 personas presenciaron la conferencia de un hombre condenado a muerte. Todos los presentes sabían que Randy Pausch, profesor de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburg tenía un cáncer mortal. En las universidades de Estados Unidos hay una tradición conocida como "la última lección", un ejercicio para distinguidos profesores que imparten una clase como si fuera la última. Nadie podía imaginar que los 75 minutos de conferencia se convertirían en un fenómeno mediático, con más 10 millones de visitas en 'You Tube'. El 18 de septiembre de 2007, este ofreció su última conferencia, en la que expuso una lección de vida, cuando todos esperaban que hablara de su muerte. Pisó el escenario, proyectó varias radiografías que mostraban los diez tumores que estaban destrozando sus entrañas, y confirmó que sólo le quedaban unos meses de vida. A continuación, se tiró al suelo y se puso a hacer flexiones. "Si alguien me compadece, que salga y haga unas cuantas de éstas", exclamó al levantarse. Randy habló sin dramas, contó sus sueños de infancia, repasó su vida, reafirmó su amor por su mujer.

Cincuenta días después, más de 25 millones de personas conocían a Randy Pausch y se inspiraban en sus palabras. Cuando fue elegido entre los mejores oradores para impartir esta conferencia sabía que un cáncer de páncreas terminaría con su vida. A sus 47 años estaba felizmente casado, padre de tres hijos menores de seis años. En su charla, explicó cómo había convertido en realidad todos y cada uno de sus sueños infantiles. Después, confesó que su única intención fue llenar los cerebros de sus hijos de varios recuerdos positivos. Unos días después aparecieron miles de páginas de homenaje en la red. Su "lección de vida" es un grito de ánimo que circula de continente a continente con una fuerza imparable. El mes pasado se publicó su libro, La última lección, que recoge 53 horas de conversaciones en sus últimos meses de vida y que ahora está arrasando en medio planeta. "Los muros contra los que chocamos están ahí por una razón. No para disuadirnos, sino para darnos la oportunidad de demostrar cuánto queremos algo. Los muros están para detener a quienes no quieren algo lo suficiente". Con estas palabras se ha ido este profesor. Internet se ha convertido en la pantalla planetaria de un adiós para el recuerdo.

 

 

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