Piratas

 

Leyre Lardiés Gaitón, 4º ESO IES Pirámide de Huesca

"¡Tierra a la vista!", dije señalando al frente al mismo tiempo que miraba el paisaje a través de un catalejo. Miré sonriente a mi pequeña tripulación y, cuando lancé un grito de guerra, todas se volvieron eufóricas y comenzamos a festejar el descubrimiento.

Parecía que el mapa que me había legado la antigua capitana del barco poco antes de morir era real, aunque yo seguía sin comprender por qué me eligió como capitana siendo que yo no destacaba en nada, sólo pertenecía a su tripulación por ser hija de una de las mujeres que la componían.

Según el mapa, la isla se llamaba Ventormenta y los ingleses tenían un pequeño campamento por la zona donde estaba señalada una cueva. Nada más desembarcar, vimos a un inglés al que atravesé con mi estoque sin pensarlo dos veces para que no se interpusiese y poder seguir nuestro viaje en paz.

Anduvimos mucho para poder encontrar la cueva y, justo a la entrada, los ingleses nos tendieron una gran emboscada. Mi contramaestre me indicó que yo entrase a la cueva para ver qué podía encontrar, mientras ellas luchaban, y así la obedecí.

Caminé durante mucho rato y solamente encontré un pequeño cofre no muy viejo de color marrón. Lo abrí y había una nota de la capitana. Pensé que las demás también querrían verla, aunque hablaba de mí, así que salí de la cueva, pero lo único que encontré a la salida fueron los cadáveres de mis camaradas y a los ingleses aprisionándome.

A los pocos días, en la plaza más importante de la capital inglesa, tuvo lugar mi ejecución pública en la guillotina. Cuando el verdugo ya estaba sujetando la cuerda que sostenía el cuchillo y yo no me podía mover, el jefe del campamento que había en la isla se acercó a mí y me pidió que le dijese lo que ponía en el papel que había encontrado en la cueva.

"Briizne, te elegí porque soy tu madre y estoy segura de que serás la mejor capitana del mundo porque mi sangre corre por tus venas". El jefe se echó a reír y, unos pocos segundos antes de que aquel frío y afilado metal rozase mi cuerpo y despedazase mi alma, me dijo: "Veo que aquella mujer no te crió como si fueses su hija, sino que te debió de entregar a una de sus tripulantes para no decirte que yo soy tu padre".

 

 

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