En autobús

 

Raquel Sanjoaquín Nadal, 4º ESO IES Luis Buñuel

¡Maldito el día en que me subí a ese autobús! Esto sucedió un día corriente, como cualquier otro. Yo quería ver a mis nietos, que viven en otro barrio distinto al mío, y como muchas otras personas cogí el autobús urbano. No sólo estaba el vehículo lleno de dibujos de esos que hacen los chavales jóvenes, que los llaman graffitos o graffitis, sino que el mal aspecto que tenía el autobús por fuera, también lo tenía por dentro.

Al subir, unos niños pequeños que jugaban a mi alrededor, se me tiraron encima y me caigo al suelo, pero lo más horrible de todo es que no me pidieron disculpas.

Cuando por fin conseguí subir, vi un sitio libre y, cuando estaba a unos pasos de llegar al asiento, una señora se apresuró y me dejó de pie sentándose delante de mis narices. Observando a la gente que también viajaba en el autobús, atrajo mi atención un grupo de chavales jóvenes que estaba escuchando música por medio de esos aparatos llamados móviles. El volumen era tan fuerte que la música la escuchaba hasta la gente que paseaba por la calle.

Para mi sorpresa, me di cuenta de que esos mismos chavales le estaban dando todo el rato al botón para solicitar parada, aunque luego no bajaban. ¡Qué manera de incordiar a la gente y de molestar al conductor! Pero ya, el colmo de los colmos fue que un anciano escupió en el propio autobús, y luego lo pisó un niño pequeño. ¡Qué poca educación y qué falta de respeto hacia los demás!

Este ambiente es el que se vive día a día en nuestros tiempos. A Mariano José de Larra, el viajero que tan atentamente observa a través de la ventanilla del autobús, escenas como esta le podrían haber inspirado perfectamente nuevos artículos de costumbres para criticar la mala educación de algunos ciudadanos, como hizo en El castellano viejo.

 

 

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