Palabrotas ¿Por qué no?

 

Íñigo Muñoz, Víctor Conejo y Antonio Monge

Desde que somos pequeños nos han educado para identificar las palabrotas o tacos como algo maleducado o grosero. Y, efectivamente, están mal vistas en muchos lugares de la sociedad actual: colegios, institutos, diferentes puestos de trabajo y juzgados, entre otros, penalizan estas palabras.

Las palabrotas son, según la enciclopedia libre Wikipedia, una palabra malsonante, obscena y una grosería. Por esta regla de tres, cualquier palabra grosera, o que ofenda a quien esta dirigida, es una palabrota. Estamos englobando a 'tonto' y a 'gilipollas' en el mismo saco. Por una razón bien simple: es así.

Ambas ofenden y pueden ser consideradas groseras. La razón por la que una es más 'fuerte' que otra es porque la sociedad lo ha querido así. Si no fueran palabras tan mal vistas nadie diría 'joder' para quedarse a gusto, porque sería el equivalente a 'caramba' o 'recórcholis'.

Si realmente éstas resultan de mala educación para la gente es porque, la mayor parte de ellas, son insultos. Son insultos que, por supuesto, pueden ser ofensivos, pero si quieres insultar a alguien vas a hacerlo de todos modos. Mejor quedarse en palabras que llegar a los puños (éste es otro tema a tratar). Si los tacos tuvieran el valor que merecen (poco o nulo), nunca nadie pondría como excusa para una pelea física una anterior verbal.

Todos los insultos y expresiones tienen su etimología como cualquier otra palabra, en muchas ocasiones incluso más rica que las palabras de uso cotidiano. Todos estos son formas de expresión y deberían estar permitidos en la rica y avanzada sociedad en la que vivimos.

Tampoco se trata de defender que se usen constantemente, pero si con normalidad. Que nadie mire mal a una persona por gritar un 'hostia' o que los niños no tengan que volver a decir ante sus padres --no, no, que he dicho 'joer' no 'joder'--. Aunque si realmente se empezaran a usar como algo normal y dejaran de verse como algo de mala educación, nadie diría 'me cago en algo' para liberarse de una tensión interior. Sería como decir: 'caracoles'. Esto nunca ocurriría porque 'joder' y 'cabrón' siempre serán tacos, pero no estaría mal que fueran 'tacos cotidianos'.

 

 

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