La curiosa historia de Papá Noel y el Duende Verde

 

pablo Ansón Colla, 2º Bachillerato IES Miguel Catalán

Bien, bien, bien. Hoy contaremos un cuento que trata de un duende verde que trabaja en el taller de Papá Noel. Este duende verde se llama Barzul. El duende Barzul tiene los ojos verdes y los zapatos también. Tiene las orejas pinchudas de su abuelo, las manos verdes de su madre y la sonrisa de su mujer, que se le ha pegado de estar ya demasiados años con ella. El duende Barzul es pequeñito como un duende. El duende Barzul trabaja en la fábrica de juguetes de Papá Noel.

Papá Noel dirige siempre el taller. Se sube a la gran silla de madera maciza, se viste de la arrogancia necesaria para hablar al mundo, alza los brazos y comienza a dirigir el taller como si fuera una orquesta. Los duendes verdes no le hacen ni caso, claro, porque saben que Papá Noel está viejo. Peor, solo. Que estar solo es como acercarse tristemente a la eternidad. Papá Noel no habla con nadie y el miedo se le pudre con las lecturas y la música insuperable de Bach. Papá Noel supone que nadie le hace caso y cierra los ojos para no sentirse ignorado y tener melancolía luego en el sueño.

El duende Barzul vuelve a su casa de seta en el bosque misterioso de las setas de los duendes que viven en setas. Todos los duendes se llevan bien entre ellos. Barzul no sabe por qué no van a visitarle de vez en cuando a él también. Se estuvo haciendo la pregunta hasta el día en el que se dio cuenta de que vivía en una seta venenosa y que, por eso, no iban a hacerle visitas nunca. Se cambió de seta, pero pintó igual la nueva seta, así que todo el mundo se creyó que también era una seta venenosa.

Hoy ha venido a ver el taller una amiga de Papá Noel de la que él está secretamente enamorado. Papá Noel sabe que la respuesta será, indudablemente, no y no pregunta porque conoce la respuesta: no. Papá Noel es un tímido. Papá Noel está divorciado. Hoy acabo de hablar con una chica que me ha dicho que Papá Noel no se puede enamorar. Entonces, ¿tampoco puede sentir odio? ¿Por qué no? A Papá Noel siempre le habría gustado ser un seductor. Nunca aprenderá a guiñarle el ojo a una chica guapa sin perder el control por mucho que se entrene. Papá Noel conoce muy bien la soledad.

El duende Barzul no se reproduce por esporas. No digo cómo se reproduce porque es censurable. En sociedad, todos somos perfectos y más nos vale mantenernos. ¡Como si no nos tirásemos varios pedos todos al día sin excepción! No me cuenten historietas de mentirijillas, por Dios se lo ruego. El duende verde Barzul tiene varios hijos. De mayores serán como su padre. Para ellos, su padre es muy importante y les da mucha, mucha, mucha pena que se tenga que morir.

Papá Noel ha acabado de dirigir a los duendes. Por dentro, siempre oye la música de Bach. Ya han acabado de construir todas las excavadoras de juguete. Mañana más. Ahora leerá un rato a Nietzsche y se irá a dar un pequeño paseo por el bosque misterioso. Papá Noel está triste. De momento, piensa en el cielo a través de la ventana.

El duende verde está harto ya de Papá Noel y de sus idioteces, pero no puede rebelarse porque no puede ser. Eso es así y no se puede cambiar. El duende verde Barzul no puede rebelarse. Está harto de todo y siente tristeza navideña dentro de sí. La melancolía es una enfermedad horrible. Es el fruto de todos los pensamientos que no hemos hecho y que se nos han ido acumulando y haciendo una horrible bola marrón y apestosa que hace llorar al cerebro. Quizás alguien no esté de acuerdo: ésta es sólo la visión de un tímido. Va a salir a dar un paseo al bosque misterioso. De momento, habla dentro de sí, solo, mirando profundamente el lago de aguas oscuras que refleja el cielo azul con manchas de lejía.

Papá Noel y Barzul, el duende verde, se encuentran en el bosque y se miran y acaban abrazándose para intentar matar la soledad. El bosque huele a hojas viejas.

 

 

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