Tierra sangrienta

 

El ejército israelí arrasa gaza y deja tras de si centenares de víctimas civiles

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

Puede que Israel gane la batalla militar contra los terroristas de Hamás, pero ha perdido la guerra mediática. Las imágenes de padres desolados abrazados a sus hijos muertos, de escuelas reducidas a escombros o de hospitales desbordados han dado la vuelta al mundo, despertando la ira de miles de personas que se han manifestado en contra.

Israel llevaba ocho años sufriendo los misiles de Hamás sobre el sur de su territorio y la población de esa zona demandaba seguridad a su Gobierno. Allí los niños viven con miedo y sus padres también, dicen las autoridades israelís. Y en aras de su derecho a la seguridad, han llevado hasta las últimas consecuencias su lema Ojo por ojo y, tras la ruptura de la tregua por parte de Hamás, han ejecutado un feroz ataque contra Gaza con el objetivo de acabar con los terroristas que se esconden allí y con sus arsenales armamentísticos. Sin embargo, la gran cantidad de muertos civiles, más de 750 al cierre de esta edición (el pasado viernes), y los más de 3.500 heridos y 20.000 desplazados --la mayoría mujeres y niños--, ha hecho que la comunidad internacional haya pedido a Israel el cese de las hostilidades. El presidente Zapatero se dirigió a los dirigentes de Israel para decirles que estaban equivocados en su actuación, la cual calificó de "desmedida". Así lo hicieron también otros presidentes europeos. Por su parte, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pidió un alto el fuego permanente e inmediato ante el desastre humanitario ocasionado en la zona.

Y es que este conflicto tiene muchas víctimas, pero todo el mundo coincide en la desproporción de fuerza entre el ejército hebreo y Hamás. Además, Israel ha apostado por ataques con bombas para evitar bajas en su propio ejército, ya que tienen pavor a los ataques suicidas. Se sabe que Hamás utiliza a la población civil como escudo humano, es decir que sus guerrilleros no luchan cara a cara, sino que se esconden en casas, hospitales, escuelas y que se mueven por una red de túneles subterráneos que conectan sus escondrijos y les proporcionan una vía de escape. Y al querer acabar con ello, el ejército israelí está aniquilando las infraestructuras civiles de la zona y también la vida de cientos de personas inocentes. El desastre humanitario está servido. No hay luz ni agua en la mayor parte de Gaza y los cooperantes internacionales aseguran que no se dan las condiciones mínimas de seguridad para poder trabajar. La Cruz Roja está indignada, al igual que la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA), que el jueves pasado decidió suspender sus operaciones en Gaza, después de que uno de sus convoyes resultase alcanzado por un obús del ejército israelí. Todo esto poco después de haber bombardeado una escuela protegida por la ONU, en la que hubo 45 víctimas civiles.

Israel ha cedido mínimamente a esta presión al decretar tres horas diarias de alto el fuego conjunto con Hamás para poder atender a los heridos, enterrar a los muertos o rescatar a personas de entre los escombros. Precisamente, el viernes pasado se conoció el caso de cuatro niños que llevaban tres días junto al cadáver de su madre. Casos así han hecho que se acuse a Israel de no respetar el Derecho Internacional Humanitario, ya que una de las obligaciones de las partes en conflicto es garantizar el acceso seguro de los cooperantes a las zonas afectadas, porque la protección de la población civil se supone una prioridad.

Para lavar su imagen, Israel trata de concentrar la atención del mundo en los ataques con cohetes lanzados por los islamistas contra el sur de su territorio, a través de una sofisticada campaña de relaciones públicas, que incluye el uso de Facebook y YouTube. Al otro lado de la frontera, la población de Gaza espera que las bombas callen.

A debate: ¿Dónde están los límites para acabar con el enemigo?

Se trata de un conflicto que tiene muchos puntos a analizar, pero la primera cuestión es hasta dónde se puede llegar para acabar con el enemigo. ¿Es legítimo bombardear una escuela o un hospital completo aunque se tenga constancia de que el enemigo se esconde allí? ¿Y si luego no es cierto? ¿Y aunque se confirme que sí? El debate está servido.

El grupo armado Hamás está sacando un gran rendimiento político a esta situación porque la desmedida actuación militar de Israel hace que haya mucha frustración y odio entre los ciudadanos de Gaza, algo que engrandece la causa de Hamás, cuyo principal objetivo es derrocar el estado de Israel.

En la web: Yahoo noticias

 

 

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