La explotación infantil

 

Ana Vela, Ana Lahoz y Silvia Frago (2°A IES Miguel Catalán)

La explotación infantil, desgraciadamente, es un hecho que ocurre en todos los continentes y que debemos superar. Según la enciclopedia virtual Wikipedia, la explotación infantil se refiere al trabajo de niños en cualquier sistema de producción económica de un país o región y en el mantenimiento económico de un grupo o clan familiar.

Para empezar, "Derecho a no ser obligados a trabajar" es lo que se puede leer en uno de los diez derechos que poseen los menores. La explotación infantil es, por ello, ilegal y, por tanto, inadmisible.

Otra razón por la cual los menores no deberían trabajar es porque el trabajo puede poner en riesgo su salud mental y física. Por ejemplo, existen labores que perjudican el crecimiento normal. En algunos países, como Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú, más de 300.000 niños participan en actividades mineras.

En tercer lugar, si un niño o niña trabaja entorpece su libre desarrollo, por ejemplo, le quita tiempo para descansar, para el estudio, etc. Los años de formación de una persona son fundamentales y determinan las oportunidades que tendrán en un futuro, ¿qué oportunidades van a tener si ya desde niños no tienen elección?

Además, cuando un menor trabaja se ve obligado a tomar decisiones que, en nuestra opinión, su madurez mental no le permite resolver fácilmente.

Cuando hablamos de explotación infantil las cifras se disparan. Alrededor de 246 millones de niños y niñas sufren explotación infantil y, al menos tres cuartas partes (171 millones), lo hacen en condiciones peligrosas.

Es cierto que una de las principales causas de la explotación infantil es la marginación social y la extrema pobreza en la que se encuentran millones de personas en el mundo, por ello, la explotación infantil se concentra casi siempre en los países subdesarrollados; el 29% se encuentra en África subsahariana, el 19% en Asia y Oceanía, el 16% en Latinoamérica y Antillas y el 15% en Oriente Medio y África septentrional.

En los países industrializados 2 millones y medio de menores sufren esta explotación.

Para concluir, añadir que con la colaboración de todos los gobiernos y países podemos solucionar este problema tan grave que es común en todos los continentes y que de una manera u otra nos avergüenza a todos.

 

 

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