Cara a cara: el Plan de Bolonia

 

Dos puntos de vista sobre el plan de reforma universitaria europeo

Periódico del Estudiante

EN ZARAGOZA YA ESTAMOS EN BOLONIA

Por Fernando Zulaica Palacios, Vicerrector de Estudiantes (UZ).

Durante los últimos meses, un sector importante de la comunidad universitaria ha expresado sus dudas, sus temores y sus desacuerdos con la futura puesta en marcha del Espacio Europeo de Educación Superior, cada vez más conocido como Plan Bolonia, cuyo objetivo es el reconocimiento del sistema universitario de los países que participan en él.

En nuestra universidad, este espacio no es un objetivo hacia el que nos dirijamos, sino que ya estamos plenamente integrados. Este curso se han puesto en marcha doce titulaciones adaptadas, de las que cuatro son enteramente nuevas y las otras son adaptaciones de las ya existentes. En total, hay 1.045 estudiantes matriculados en estos grados. Y son ya cerca de 500 estudiantes los que se encuentran matriculados en los 28 másteres oficiales ofertados por nuestra universidad.

Estos estudiantes no han sufrido ninguno de los males que muchos vaticinaban: los precios de matrícula de los grados son los mismos que los de las demás titulaciones de las correspondientes áreas, las becas no solo no han desaparecido, sino que se han incrementado (la posibilidad de obtener préstamos es complementaria a las becas, pero no las sustituye) y, en general, la enseñanza tiene una componente más práctica y menos basada en la clase magistral que la que ahora se llevaba a cabo. Esta es la realidad: hasta ahora no se han producido las catástrofes anunciadas.

Sin embargo, faltan tres cosas esenciales. Por una parte, es necesario disponer de una financiación pública suficiente para hacer frente a una enseñanza más práctica, así como a la prolongación de las titulaciones que antes tenían tres años de duración y que ahora tendrán cuatro. Una financiación que exige contar con más profesorado, más instalaciones y recursos didácticos.

Para que la integración de los másteres en el sistema público sea plena, cursar un máster oficial no puede ser más caro que cursar un grado: si son parte de la enseñanza universitaria deben serlo a todos los efectos. También hace falta ir a una política de becas más ambiciosa y comparable con los países de nuestro entorno: no se trata de mantener las becas ya existentes, sino de ampliar su cobertura y de hacerlas llegar a un número mayor de estudiantes.

Y, sobre todo, hace falta cambiar la mentalidad de quienes ven en cada cambio un peligro. Bolonia no va a resolver los problemas de la universidad ni los de la sociedad, pero tampoco va a agravarlos. Lo que sí es seguro es que esta oportunidad que se nos presenta nos permitirá, si se cumplen las premisas apuntadas, modernizar nuestra Universidad.

LA DEBACLE EUROPEA DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Por la Asamblea contra la Privatización de la Universidad.

El Plan de Bolonia es la aplicación en Europa de un proceso mundial de corte neoliberal. Su objetivo: reformar la educación superior en base a parámetros establecidos por la OMC y el BM que promueven la conversión de derechos tan fundamentales como la educación o la sanidad en servicios a privatizar. Las declaraciones de Bolonia, Bergen o Londres, aún sin tener carácter vinculante dada la ausencia de competencias de la UE en educación, instan a los estados a desarrollar estos principios con total capacidad de maniobra.

El diseño estratégico del plan incluye, entre otros, los siguientes aspectos:

El recorte presupuestario al sistema público para disminuir sus medios y así justificar la "mayor eficacia" de la gestión privada. Esta dirección, ya tomada en Italia, ha provocado nefastas consecuencias para las universidades.

La penetración del capital privado en la investigación a través de los criterios establecidos por la ANECA, que condicionan la financiación pública de la docencia y la investigación a la previa obtención de financiación privada.

La identificación perniciosa entre intereses empresariales y sociales, como demuestran los ejemplos del Consejo Social de la UZ, presidido por un ex directivo de Opel y del CS de la Uned, presidido por César Alierta, presidente ejecutivo de Telefónica SA. Otro ejemplo son las 24 cátedras de empresa ya existentes en la UZ, cuyo objetivo es el de "desarrollar líneas de investigación de interés común". Deberíamos preguntarnos acerca del interés que Novartis, Mariano López Navarro, Banco Santander o Telefónica pueden tener en común con una institución pública cuyos intereses no deberían regirse por criterios de rentabilidad económica.

La adopción de una metodología, un discurso y unas prácticas que constituyen la introducción de formas empresariales en el ámbito educativo.

Como ejemplo, las reiteradas alusiones a la flexibilidad, la formación en base a competencias o la competitividad entre universidades como principio rector del Espacio Europeo de Educación Superior.

Por todo ello, desde ACPU, defendemos que esta supuesta reforma metodológica es, en realidad, una reforma económico-política, que convierte a la universidad pública en una institución regida por criterios mercantilistas, que fabrica recursos humanos para las empresas y que modifica su función social sometiéndose al interés del capital privado.

Ante esto, no nos queda otra opción que alzar nuestra voz para visibilizar un conflicto que incumbe a toda la sociedad.

 

 

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