El enano de la col

 

Inés Ortega, 2º ESO Escolapias Pompiliano

Érase una vez una niña llamada Clara, que un día como otro cualquiera acompañaba a su madre a hacer la compra. En su lista ponía que había que comprar una berza. Mientras llevaba la bolsa en la mano notó que algo se agitaba dentro. Rebuscó y en una de las hojas encontró a un enano. Era pequeño, es lógico, y con una gran barba marrón. Vestía con una camiseta verde, unos pantalones negros y un sombrero parecido al de Cocodrilo Dundee. Al principio, Clara tenía miedo, pero poco después se fue acercando a él. Estuvieron hablando un rato y Clara decidió llevárselo a casa. Con el paso del tiempo, Clara creció, pero el enano no, y se hicieron muy buenos amigos. Un día, Clara se despertó y fue a la habitación de sus padres. Allí estaba su padre esperándola para darle una mala noticia:
--Tu madre ha caído gravemente enferma y los médicos dudan que se pueda recuperar--. Clara se fue llorando a su cuarto a pedir consuelo a su amigo.
--No te preocupes, Clara--, dijo el enano, --conozco la forma de curarla. Solo tenemos que ir a lo más profundo de las raíces del árbol de oro. Allí se encuentra la medicina que necesita tu madre. El problema es que tú eres grande y...--
-- Haré lo que sea para salvarla, pero no puedo dejar a mi padre solo con este problema, además, si estoy fuera mucho tiempo se extrañará--. El enano temía que dijera eso y habló con los sabios, que le dieron una formula para hacer a Clara pequeña. Se fue a comprar todos los ingredientes, que por cierto, eran muy difíciles de encontrar. ¿Dónde puedes encontrar tú moco de trol, alas de murciélagos y, lo más raro, un retrovisor de coche? No podía obtener eso, por tanto se inventó los ingredientes y se lo dio a beber a Clara. La pobre Clara se convirtió en un escarabajo. Después de pedirle perdón un millón de veces, los dos se fueron al árbol del oro.

Cuando llegaron, el suelo estaba embarrado y parecían arenas movedizas. Los dos se agarraron a una pequeña rama y consiguieron sobrevivir. Después, se aproximaron al árbol y se metieron dentro, agarrando la corteza imantada con un imán de esos del juego del Geomag de Clara. En su interior, había un túnel y dijo el enano:
--Ya estamos cerca, porque al final de este túnel está la medicina que necesita tu madre--. Se apresuraron a atravesarlo, cogieron la medicina y salieron.
--¿ Y cómo volvemos a casa?--, preguntó Clara.
--Muy fácil--, contestó el enano. --Aunque no nos queda poción, los ancianos me comentaron un truco: todo sombrero de enano o gnomo es mágico--.
--¿Me estás diciendo que me tengo que comer tu sombrero?--
--Bueno- Más o menos--.
--Vale, pero me parece que va a resultar un poco indigesto--. Clara se comió el ala del sombrero y se convirtió en un gran gato persa.
--Me gustan tus bigotes... ¡Y ese cuerpazo peludo!--, se apresuró a decir el enano.
--¡Anda calla! Y vámonos a casa rapidito--- Cuando llegaron, Clara fue corriendo dentro de la casa, pero era un gato y ¡no podía entrar así! Dándose cuenta de ello, el enano le dio el resto del sombrero, Clara se lo comió y recuperó su aspecto humano. Corrió a darle a su madre la medicina y con el paso del tiempo, su madre se recuperó y Clara siguió creciendo, pero el enano, no.

 

 

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