Condenados a vivir

 

El debate de la autanasia cuestiona la dignidad de la vida cuando esta se convierte en una imposición

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

Condenados a vivir. Así se sienten muchos enfermos que no tienen posibilidad de curación, que sufren enfermedades incurables y dolorosas o que yacen en coma desde hace años sin posibilidad de mejoría. Algunos de ellos reclaman desde sus camas el derecho a una muerte digna, es decir, el derecho a disponer de su vida para ponerle fin. La respuesta de la sociedad ante estas peticiones no es otra que el debate sin fin, que pocas veces resuelve la situación del enfermo. El que sí ha encontrado respuesta, después de más de 17 años de lucha, ha sido el padre de Eluana Anglaro, una italiana que llevaba 17 años postrada en la cama en estado vegetal. Su padre ha pasado media vida luchando para que la desconectaran. Y lo consiguió hace dos semanas, dejando a toda Italia en estado de ebullición con el debate sobre la eutanasia. Eluana murió tres días después de que los médicos, cumpliendo la sentencia dictada en noviembre por el Tribunal Supremo, pusieran en marcha el protocolo para suspender progresivamente su alimentación. Cuando falleció, el Senado italiano empezaba el debate sobre un proyecto de ley elaborado justamente para salvarla. El Vaticano había intentado por todos los medios impedir que el padre de Eluana pudiera cumplir la sentencia del Supremo, la victoria definitiva de una larga andadura por todas las instancias judiciales cuyo principal propósito era hacer valer la voluntad de su hija: ella, Eluana, había expresado muchas veces, antes del accidente de tráfico que la dejó en coma, en 1992, que bajo ninguna circunstancia quería vivir así.

Mientras Italia sigue revuelta, otros países miran hacia allí esperando que pase de ellos ese problema. En España, la legislación prohíbe la eutanasia activa --que consiste en provocar la muerte a una persona que ha pedido que se acabe con su vida--, pero contempla la eutanasia pasiva a través del llamado Testamento Vital. En él, cualquier persona puede decidir la asistencia que quiere recibir en el caso de sufrir una enfermedad que le impidiera expresar su voluntad. Podría negarse por escrito a tratar una complicación o a ser alimentado artificialmente para precipitar el término de su vida. Si Eluana hubiera sido española y hubiera expresado su voluntad vital se podría haber desconectado sin mayor problema. Sin embargo, estos registros de voluntades apenas tienen dos o tres años de antigüedad y la italiana llevaba en coma 16 años.

En España queda pendiente, sin embargo, el debate de la eutanasia activa. ¿Cómo regularla? Eso se planteaba Francia recientemente cuando apareció muerta Chantal Sébire dos días después de que la justicia le denegara la eutanasia activa que había solicitado. La imagen de su rostro desfigurado por un tumor en las fosas nasales, su relato sobre los "atroces" dolores que le provocaba una enfermedad degenerativa e incurable, y su muerte en circunstancias que todavía están por esclarecer, conmocionaron al país y relanzaron el debate. Y el debate seguirá resurgiendo cada vez que un enfermo alce su voz pidiendo una muerte digna. Porque hay mucha gente que, como Ramón Sampedro, cree que "la vida es un derecho, no una obligación".

Una práctica que se realiza en la clandestinidad

Que la eutanasia no esté legalizada no quiere decir que no se aplique. La asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) asegura que de 6.000 a 8.000 personas en España piden cada año la eutanasia y no reciben respuesta. Y otros 10.000 pacientes de cáncer o con enfermedades degenerativas manifiestan su deseo de que se ponga final a su largo y doloroso proceso.

Aún así, las opiniones más favorables a la eutanasia son las de las personas que al final de su vida no son atendidas en centros especializados. La asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) dice que cada día en los hospitales hay enfermos pidiéndola y se aplica cada semana. Y, en sus domicilios, los enfermos reciben cócteles letales sedantes para provocar su muerte. "Es una realidad habitual, pero de la que nadie habla, porque en España es un delito y por ciertos prejuicios religiosos que no tienen ningún sentido", explicaba hace un tiempo la presidenta de DMD.

En las unidades de cuidados paliativos, según sus responsables, los efectos secundarios de la medicación pasan a un segundo plano. Cuando el sufrimiento es extremo, se puede llegar hasta la sedación, una 'desconexión farmacológica'. Con ella se provoca un coma irreversible. Con esta solución, que se aplica en un 30% de los casos, el paciente ya no sufre y lo normal es que en poco tiempo fallezca.

A debate: Una cuestión de dignidad, conciencia y sufrimiento

  • El expresidente de la Sociedad Española de Cuidados paliativos (Secpal) reconoce de que hay excepciones en las que los pacientes piden la eutanasia. "No habrá más remedio que regularla, escuchando a los pacientes y a la sociedad en general, con controles para impedir posibles abusos y la participación de comités de ética". Siempre dejando abierta la objeción de conciencia de los facultativos.
  • Holanda, Bélgica, Suiza, Luxemburgo y dos estados de EEUU son de los poco sitios donde la eutanasia activa es una práctica legal.
  • Luis de Moya, sacerdote tetrapléjico del Opus Dei, asegura que "sólo a ciertos animales no compensa cuidarlos".

 

 

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