Vivir y morir en directo

 

Una exconcursante de Gran Hermano se hace millonaria vendiendo a la prensa su propia muerte

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

Dos millones de euros. En esa cantidad está cifrada la herencia que la británica Jade Goody, exconcursante de Gran Hermano, ha dejado a sus hijos, después de haber vivido bajo los focos los últimos años de su vida, en los que no ha parado de hacer caja con la venta de su enfermedad, su boda, su bautizo y su muerte a los medios de comunicación. De hecho, se calcula que su patrimonio podría ascender a los cuatro millones de euros, sumando lo que ha dejado a su madre y lo que ha donado a una organización de la India.

Goody se hizo popular en Gran Bretaña porque era la típica concursante polémica, desvergonzada y descarada, que hacía alarde de su incultura y que no tuvo inconvenientes en mantener relaciones sexuales frente a las cámaras de Gran Hermano. La prensa arremetió contra ella, pero lejos de perjudicarle, eso le dio fama y le permitió ir de plató en plató. Y vivir de ello. Sin embargo, todo pareció desvanecerse cuando entró en GH por segunda vez. En esa ocasión, más de 45.000 espectadores enviaron sus quejas a la televisión británica para denunciar el lenguaje racista y los insultos con los que Goody acosaba a la actriz de Bollywood, Shilpa Shetty. A las pocas semanas tuvo que abandonar el programa.

Sin embargo, tras hacer las paces con Shetty, la actriz la invitó a participar en el Gran Hermano indio. Y fue allí donde se erigió en protagonista absoluta de los medios británicos al recibir en directo los resultados médicos de unos análisis que se había realizado antes de entrar al concurso. En ellos se determinaba que la joven, de 27 años, padecía un cáncer terminal en el cuello del útero y que debía abandonar la casa de inmediato para recibir tratamiento.

A partir de ahí, Goody decidió vender su intimidad, sin veto de ningún tipo. Primero, todos los detalles de su enfermedad, su tratamiento, entradas y salidas al hospital, impresiones... Después, fotos de toda su vida: el nacimiento de sus hijos, sus momentos íntimos, su boda, la exclusiva del bautizo de sus hijos y el suyo propio. Y, finalmente, sus últimos días y sus esperanzas. Ahora su madre ha dicho que desea recuperar la intimidad para ella y sus allegados. Pero aún falta un plato fuerte en este banquete mediático: el entierro, que será un espectáculo muy a su estilo, según ha declarado su agente.

La inglesa grabó cada minuto de su enfermedad desde que se enteró, pero no para tener grandes lujos. Lo hizo por sus hijos. "No quiero que mis niños (de cuatro y cinco años) tengan la misma infancia miserable que yo padecí", explicaba en febrero la propia Goody. "Yo soy una ignorante, pero mis niños no lo serán. Tendrán la mejor educación y sabrán que es todo gracias a su mamá", agregó la joven. Fue, precisamente, esa sinceridad sin escrúpulos al reconocer que todo lo hacía por dinero para asegurar el futuro de sus hijos cuando ella faltase lo que le hizo ganarse el cariño del público. Tanto que pudo pasar la noche de bodas con su marido, Jack Tweed, un joven de 21 años que está en prisión por dar una paliza a un adolescente, gracias a un permiso penitenciario que le concedieron expresamente para casarse con ella.

Dentro del circo mediático en torno a su muerte, ha entrado hasta el Jefe de Gobierno británico, Gordon Brown. "Todo el país admiraba la determinación de esta mujer valiente en la vida y en la muerte para asegurar el futuro de sus hijos", decía en comunicado emitido tras la muerte de Goody. A Brown se han sumado muchos personajes conocidos de la vida pública, incluidos amigos de Goody tan insospechados como el hijo del sultán de Brunei. El responsable de la revista OK, que desembolsó 700.000 libras por la exclusiva de su boda ha dicho que la gente se identificaba con ella "porque era una chica corriente que había encontrado la fama como le puede pasar a cualquiera que participa en un concurso".

Toda Gran Bretaña se ha conmocionado estos días por el fallecimiento de la joven, ya que el caso ha tenido mucha repercusión. El primer efecto de su campaña ha sido muy benéfico: se ha disparado el número de mujeres que han acudido al médico para cerciorarse de que no tienen cáncer de útero, el segundo más frecuente entre las mujeres, pero uno de los más fáciles de curar si se descubre a tiempo.

Tras su muerte, la puerta de la casa de su madre, Jackie Budden, se ha llenado de flores, peluches, cartas y diversas muestras de cariño que el público ha ido llevando. Ha muerto, pero el fenómeno Goody sigue vivo porque el dramatismo la ha seguido hasta el fin. La casualidad quiso que muriese el día en que se celebra el Día de la Madre en Inglaterra. La propia estrella del reality ya lo auguró tiempo antes: "He vivido frente a las cámaras y quizás muera frente a ellas".

 

 

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