Viaje a España

 

Manuel Hernández Martínez, Profesor del IES Pedro de Luna

La escuela y la familia son los dos pilares de la formación y el crecimiento de las personas. La sociedad crece y progresa gracias a la formación y la responsabilidad que van alcanzando sus miembros, de forma individual, pero en grupo. El crecimiento en disciplinas científicas y humanísticas parece garantizado en la escuela: para eso están los educadores, que se han formado a su vez en universidades y otros centros de formación especializados. Para eso, los centros educativos cuentan- con medios suficientes: instalaciones, personal, audiovisuales, gimnasios, aulas específicas... Desde hace unas décadas, el peso de esa formación y ese crecimiento de los individuos no siempre está equilibrado entre la escuela y la familia. Lo detectamos en los centros escolares y se detecta en la sociedad, se mastica en el ambiente, la necesidad de la educación en valores --¿por qué no llamarlo: educación moral?-- en la responsabilidad, en la solidaridad, en el respeto a la autoridad, a la par que la tolerancia, la paz, el civismo... Venimos observando que esas facetas del crecimiento personal se van incorporando exclusivamente al ámbito escolar, cuando deberían estar garantizadas en el ámbito familiar. En los centros de Secundaria se debería partir de esos mínimos de ´buena educación´ para dedicarnos a la enseñanza de disciplinas académicas, sin dejar de prestar atención a todo ese crecimiento en valores y en rasgos de personalidad que hagan que el individuo sea más feliz y viva con plenitud total en la sociedad o en el grupo que desee, y aporte a él su esfuerzo, su sabiduría, su pasión por la vida, devolviendo a la sociedad su trabajo por el tiempo que ha dedicado a formarse.

Escuela y familia deben estar más unidas para que el niño o adolescente pueda encontrar su camino, su vocación, su forma de insertarse en sociedad de la forma más plena, productiva y feliz posible. Esos pequeños, unidas familia y escuela, deben crecer respetando al resto de individuos, de forma que las normas mediante las que convivimos y las formas --cultura, aficiones, diversiones-- que nos caracterizan, sean asumidas con la riqueza que cada uno pueda aportar.

En la escuela va ganando peso, día a día, la sensación, o de que recae en ella la formación completa del individuo, y eso no puede ser: ¡Así nos va! Tenemos que contar con la ayuda efectiva de las familias, que son las primeras destinatarias de la formación de sus hijos e hijas. Conjuntamente, debemos ayudarles a crecer, a superarse, y eso no significa que en casa tengan que hacer un examen cada día, pero hay que ponerles límites, obstáculos..., como si de un examen se tratase, pero sin angustia, compartiendo fracasos y victorias. Ánimo.

 

 

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