El santo azul

 

Iris Ortigosa, 4ºB ESO IES Juan de Lanuza

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar, aquella tarde remota que su padre lo llevó a conocer el hielo".

Esta fue la primera idea de Gabriel para empezar su relato. En su instituto, había un concurso y a Gabriel le gustaba dejar que bailara la pluma sobre la hoja... Pero este principio no le gustaba. Primero no tenía ni idea de quién iba a ser Aureliano Buendía y tampoco le gustaba esa idea del fusilamiento, ¡pobre hombre! Gabriel no quería escribir sobre su muerte. Tampoco sabía por qué le había venido eso de decir que era coronel, porque el único coronel que conocía era un hombre malo, brutal y con el espíritu muy cerrado. Su padre. Quizás existían coroneles muy simpáticos, la verdad es que nunca se había encontrado con uno de esos.

La idea del hielo no estaba mal, le recordaba al hielo que tenía contra su cabeza, símbolo de la resaca de la noche anterior. Gabriel tenía 16 años, bebía, fumaba, se drogaba, tocaba el violín y en ningún momento dejó de escribir. Entonces decidió empezar otra vez su relato:

"A Daniel no le gustaba cuando los niños se fijaban en sus ojos, eran de un color normal, casi general: marrón. La única razón por la que le miraban era porque los tenía rojos, casi cerrados y con moraduras alrededor de ellos. Le habían pegado mucho esta vez. Había bebido demasiado y no había dormido casi... Daniel levantó la mano para pedirle al camarero otro vaso de whisky".

¿Por qué no le gustaba nada de lo que escribía? Gabriel cogió su cabeza entre las manos y empezó a temblar. No de frío, sino de necesidad. Una pastilla, una sola, y todos los problemas desaparecerían.

En el instituto lo llamaban el santo azul porque justamente era todo lo contrario y por culpa de sus ojos muy azules. Tenía una sonrisa muy agradable, una cara muy blanquita y el pelo muy rubio... Un verdadero ángel. Tiró la pluma en el suelo y se tiró él mismo encima de su cama. Se quedó pensando: "Nunca ganaré el concurso". Entonces miró a la ventana. Las estrellas le hablaban, su madre le hablaba. Su madre y su hermano mayor, Damián, se habían muerto cuando Gabriel solo tenía 9 años y lo educó su padre. Entonces oyó la voz de su madre decirle: "Gabriel, corazón, escribe lo que sientes y todo irá bien". El chico se levantó, cogió la pluma del suelo y se sentó en la silla frente a la mesa, y por tercera vez escribió el principio de su relato:

"Soy un ángel. Un ángel que sabe volar, pero que no sabe nadar. Drogado, alcohólico y adicto al tabaco. Soy muy buena persona, me gusta volar, pegar, sonreír, robar, hacer el bien, insultar y también me gusta vivir. Pero esta noche quiero morir. Así que me iré al puente que esta en frente de mi casa, saltaré y así volveré a ver a mi madre y a mi hermano; mi padre llorará por no haberme dado todo el amor del mundo; Noelia se arrepentirá de haberme dejado para irse con otro y, sobre todo, no me drogaré con nada. Solo con música, con sonrisas y con amor..."

Gabriel escribió lo que sentía durante toda la noche. Al día siguiente, lunes, dio el relato a su profesor. Cuando volvió del instituto ya era de noche porque se había ido a fumar con sus amigos. Entró en su cuarto, se sentó en su cama y cerró los ojos. Empezó a pensar: "Soy un ángel. Un ángel que sabe volar, pero que no sabe nadar. Drogado, alcohólico y adicto al tabaco...".

Se levantó y bajó a la calle en medio de la carretera, siguió con sus pensamientos. "Soy muy buena persona, me gusta volar, pegar, sonreír, robar, hacer el bien, insultar y también me gusta vivir...".

Gabriel levantó la cabeza para sonreír a las estrellas que iluminaban su carita de ángel. "Pero esta noche quiero morir". Avanzó hacía el puente. "Así que me iré al puente que está en frente de mi casa, saltaré y así volveré a ver a mi madre y a mi hermano, mi padre llorará por no haberme dado todo el amor del mundo, Noelia se arrepentirá de haberme dejado para irse con otro y, sobre todo, no me drogaré con nada".

El chico se subió al bordillo, levantó los brazos como si fueran las alas de un ángel y sonrió una segunda vez al cielo lleno de estrellas y durante todo el tiempo que duró su caída hacia el agua fría, estuvo pensando por última vez: "Solo con música, con sonrisas y con amor...".

Gabriel, 16 años, drogado, alcohólico, músico y adicto al tabaco... Ganó el concurso de literatura de su instituto.

 

 

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