3 minutos

 

Mapi, 4º ESO El Pilar Maristas

Me asomé a la ventana, sólo para notar el aire en mi cara, hacía 3 minutos atrás mi mano se posaba en el cristal y desprendía el calor que dejaba como señal de mi existencia, una perfecta huella de mano que perduraría ahí hasta el día siguiente. Echaba de menos la sensación del aire cortándome los labios en pleno diciembre. Echaba de menos todo. No llevaba ni dos días en este mundo y no creía poder durar mucho más.

Estaba lejos de todo y todos a los que quería. Salí a la calle, la oscura noche se había apoderado del cielo y lo cubría con su fría manta negra y sus brillantes estrellas que resplandecían contentas como si se rieran de mí, eso me agobiaba y me sumía en un pozo de angustia y aturdimiento, pero nada me importaba, ni lo que mi cuerpo estaba experimentando, ni lo que sería de mí dentro de unas semanas. Había quedado con él y lo volvería a ver después de tantos meses. Tenía que reconocer que estaba nerviosa, como si fuera la primera vez que le veía, como si nunca hubiera besado sus labios. Y en un momento todo cambió. Iba vagabundeando por la carretera, no era ni consciente de mis actos, estaba tan metida en mis pensamientos que no vi aquel coche que llevaba avisándome de su presencia desde hacía 3 minutos. Los mismos que mi mano había tardado en posarse en el cristal, los mismos tres minutos que tardó en quitarme la vida ese coche. Ya solo quedaba de mí una perfecta huella de mano que perduraría en el cristal de la ventana hasta el día siguiente...

 

 

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