Tragedia en el aire

 

Desaparece un avión en el Atlántico con más de 200 pasajeros en su interior

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

La frecuencia que emiten las cajas negras de los aviones solo dura 30 días después de un siniestro. Por eso, un gran despliegue internacional busca contra reloj los restos del Airbus A330 de Air France desaparecido el pasado 1 de junio con 228 personas a bordo. La nave había despegado desde Río de Janeiro con dirección a París. Ocho aviones brasileños, varios aviones franceses, uno de la Guardia Civil española, satélites de EEUU, tres buques de la Marina brasileña, tres barcos mercantes que habían ido a la zona y un buque francés de exploración submarina con dos robots submarinos no consiguieron encontrar la semana pasada ningún resto de la aeronave.

Las hipótesis son múltiples. A finales de la semana pasada, se creía haber localizado el foco del accidente, pero después de analizar los restos resultaron no ser del avión. Así que el misterio iba en aumento a medida que pasaban los días. Al cierre de esta edición (viernes por la tarde), nada se sabía de las causas de la tragedia aérea. Los expertos comparaban la búsqueda de las cajas negras del aparato con la posibilidad de encontrar una caja de zapatos en los Pirineos.

Sin embargo, no es imposible. En 1987 ya se recuperaron las cajas negras de un Boeing 747-3000 de la South African Airways, que cayó en una sima del Índico a más de 4.000 metros de profundidad. Entonces, las cajas no emitían señales y su búsqueda fue infructuosa hasta que, varios años después, unos pescadores rescataron unos restos que habían subido a la superficie. Gracias a ellos se llegó a las cajas negras y con los datos en la mano, se concluyó que había estallado un material explosivo que viajaba en la bodega. Por eso, los equipos de búsqueda se preparan para un largo rastreo, ya que de no encontrar pistas evidentes, hay que comprobar palmo a palmo, en la superficie y bajo el agua.

¿Y si no se encuentran las cajas negras? Parece que no son del todo imprescindibles para determinar qué pasó, ya que los restos del fuselaje pueden ayudar a revelar si el avión estalló en pleno vuelo o si explotó debido a un atentado. Y después de haber perdido las esperanzas de encontrar supervivientes, el objetivo de las autoridades francesas se centra en saber qué pasó.

MÚLTIPLES HIPÓTESIS

Aunque inicialmente se creyó que la causa del siniestro fue la caída de un rayo, las hipótesis que se barajan son variadas. Desde una conjunción de causas, propiciadas por las extremas condiciones climatológicas y atmosféricas, que podían derivar en un fenómeno especialmente violento, hasta una velocidad inadecuada de aparato, un cortocircuito en los sistemas debido a un fallo eléctrico, pasando por la posibilidad de un atentado en pleno vuelo o una violenta despresurización. De momento, todas las posibilidades están abiertas en la que ha sido la mayor catástrofe aérea de la historia de Air France.

¿Puede descartarse la posibilidad de un atentado? Tampoco, aunque si bien no hay nada que apunte en esa dirección, lo sucedido es compatible con una explosión, ya que se cree que lo más probable es que el avión se desintegrara en el aire, ya que no se han encontrado señales de impacto. Y aunque llegara intacto al agua, el choque con esta lo pudo hacer trizas y las corrientes, dispersar los restos.

Quienes hayan viajado en avión, seguro que han experimentado alguna vez las incómodas turbulencias. Sin embargo, aun pudiendo ser muy violentas, es difícil que afecten a la estructura de un avión ni que causen un accidente por sí mismas, salvo que se esté dentro de una tormenta. Las turbulencias se producen por el efecto de la agitación atmosférica debido al desplazamiento de masas de aire. Los pilotos están preparados para superarlas sin contratiempos. También a las tormentas. Un piloto sabe que nunca se debe atravesar una tormenta, se sobrevuela, si es posible, o se bordea. Sin embargo, al hallarse en la llamada zona intertropical de convergencia, este Airbus se pudo enfrentar a algo imprevisto. Aunque los radares indican muy bien este tipo de fenómenos, también es cierto que las tormentas cambian muy rápidamente y el avión tenía delante una auténtica barrera. Por eso, los expertos insisten en que no se puede descartar nada. Incluso que le cayera un rayo, algo que por sí mismo tampoco basta para destruir un avión. Todos apuntan a un cúmulo de circunstancias muy extrañas.

Lo último que se supo del avión es que su piloto avisaba de fallos técnicos en el circuito eléctrico y de que se enfrentaba a una gran tormenta. Lo demás, lo dirán las investigaciones.

Más información: www.elperiodicodearagon.com

 

 

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