Blank generation

 

Relato ganador de la segunda categoría del XI Certamen de Relatos Cortos de El Periódico del Estudiante

Adrián Vázquez Tudelilla (IES Medina Albaida)

Enciende su último cigarrillo y tira el paquete de Winston a la acera. Las farolas guían sus pasos hacia la siguiente calle. Nunca sabe qué hora es, ni le importa. Nadie le espera en ningún sitio, y mejor que sea así. No le quedan emociones ni ha conocido el amor. Sólo quiere a su precioso yo. Enfermo del mundo y de toda compañía, será mejor que te apartes de su camino. Anda perdido y se siente bien. No tiene sentido que le hagas preguntas, no obtendrás respuestas. No busques fines para sus medios. Sólo quiere a su precioso yo. No es nadie especial, ni le importa. Gastó sus últimos sentimientos ayer por la noche en un antro cualquiera. Ahora camina y la sangre joven le hierve. Las calles de Zaragoza están llenas de viejos jóvenes. Se ríe de ti con un sonido que no olvidarás. Sólo quiere a su precioso yo. Sabe que no llegará a nada, ni le importa. Camina por la calle con su último cigarrillo mientras tararea una canción ya olvidada. Él es de una generación vacía. Puedes tomarlo o dejarlo. Él tomará lo que puedas darle. Si no tienes nada para él, ¿a qué esperas para largarte? No le importas. Sólo quiere a su precioso yo. Llegará tarde, si puede, y se sentará a tu lado en el bus sólo para que te sientas incómodo. Su vieja camisa de cuadros, su rostro pálido marcado por ojeras y el cigarrillo siempre en la mano. Su aspecto sucio te hará desconfiar y, no te engañes, tío, jamás llegarás a conocerlo. Él es de una generación vacía. Él es Rimbaud. Él es Baudelaire. Él es Burroughs. Él es Lou Reed. Él es Patti Smith. Él es Richard Hell. Él es Johnny Rotten. Él es Ian Curtis. No sabrás cuándo lo verás por última vez. La vida nocturna acabará con él. Perderá el control. Otra vez. Escupe en la calle. No busca ser pobre ni rico. Conoce las normas de protocolo para saltárselas. Míralo, tío, va tan colocado que ni te reconocerá. Pero no lo saludes, no, si no tienes nada para él. Sólo quiere a su precioso yo. Con su último cigarrillo y su camisa de cuadros y su cara pálida y sus eternas ojeras. Y leyendo ese libro maltratado, amarillento, de letras sucias con malas intenciones. Se termina la cerveza y, ¿sabes?, tiene gracia, porque apenas parece mayor de edad. Pero él sabe más que tú y que yo. O quizá no tenga idea de nada. Quizá viva en el engaño. Para él, todos somos la mayoría. Vivimos nuestro presente en el futuro y viviremos nuestro futuro haciendo memoria. Él conoce nuestro arrepentimiento, y se ríe. Pero nunca sonríe en las fotos porque nada le preocupa. Nuestros problemas nos preocupan en exceso. En el fondo sabes lo que hay. Sólo quiere a su precioso yo. Hablé con él una vez. Parecía un verdadero idiota. Puro teatro, estoy seguro, tío. Así no le molestan ni adultos ni policía. Estoy seguro. La normalidad le asustaba, me dijo. Le horrorizaba. Sólo quiere a su precioso yo. Y allá va de nuevo. Sin futuro. Él es de una generación vacía.

 

 

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