El reencuentro

 

Héctor Ruiz Andrés, IES Biello Aragón

Era una preciosa noche de primavera para disfrutar bajo las estrellas. En la orilla de un lago, en el interior de una tienda de campaña, estaba Eva, una preciosa chica morena, no muy alta y con ojos azules en compañía de su novio César: alto, moreno y alegre.

Esa noche, era la primera que pasaban solos y todo eran caricias y risas, hasta que un ruido les interrumpió. El chico pensó que era un sonido normal, nada preocupante, pero la chica insistió una y otra vez en que César saliera a comprobar que no era nada raro. Al salir de la tienda, el chico miró a un lado y a otro y al ver que no había nadie, empezó a bromear con Eva. Cuando se dio la vuelta para entrar en la tienda, sintió un dolor terrible en la espalda, era una sensación horrible y fría. Al darse cuenta de que le habían apuñalado, echó a correr hacia donde pudo, pero estaba muy débil y su agresor le alcanzó. Cesar intentaba escapar de sus brazos y pudo observar que era un hombre, alto, y extremadamente fuerte, pero no pudo ver su rostro porque lo llevaba tapado por una máscara de jockey. El hombre dio una nueva puñalada en la espalda al chico, lo cogió en brazos y poco a poco se fue sumergiendo en el lago hasta que estaba lo suficientemente profundo para arrojar a César al agua, el agresor se fue alejando lentamente del chico. César no era capaz de levantarse y sentía cómo se le acababa el tiempo, el agua iba introduciéndose en sus pulmones, hasta que llegado el momento abandonó toda esperanza y esperó a que su momento llegara.

El agresor se acercó lentamente a la tienda de campaña y al ver que Eva no se encontraba en el interior, se dio la vuelta bruscamente y sintió cómo una rama le golpeaba en la cabeza, él cayo al suelo y la chica huyó hacia la carretera. Eva se asustó y se puso a correr muy nerviosa, tanto, que tropezó con una piedra. El asesino la retuvo en sus brazos y la chica no pudo evitar oler la colonia del asesino, era un olor suave, que le hacia sentir segura y le envolvía, no entendía por qué ese olor le resultaba tan conocido, el hombre empuñó su cuchillo y se lo clavó sin piedad en el corazón. Ella, derrotada, cayó al suelo y en un último momento de fuerza, fue capaz de alzar la mano y levantar la máscara del hombre y lo que más le llamo la atención de aquella cara eran sus ojos penetrantes, que tenían un color azabache muy intenso.

Ese rostro le resultaba muy familiar y mientras, el cuchillo se acercaba una vez más a su cuerpo. Eva asoció esos ojos y ese aroma familiar con su primer novio y con la terrible frase que le dijo cuando ella cortó con él: Volveremos a encontrarnos y entonces yo seré quien te parta el corazón.

 

 

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