Corazón pirata

 

Carla Ochoa Piñol, IES Pirámide de Huesca

Me acuerdo como si fuera ayer, aquel día fue perfecto. Me desperté al notar una brisa de aire fresco muy agradable rozando mi cara, entraba por una ranura que había quedado abierta en la ventana. Me levanté, acabé de abrirla y me quedé allí un rato. Era una mañana nublada, de las que a mí me gustan. La humedad del mar subía dejándome impregnada en ese olor a agua salada, que cada día me recuerda dónde estoy. La brisa fresca seguía acariciando mi cara ahora con más intensidad, en el horizonte, el sol asomándose poco a poco, camuflado entre nubes y nubes que tan solo dejaban pasar algunos rayos. En el cielo, alguna que otra gaviota, y yo imaginándome el tensar de las velas, las velas de mi barco.

Decidí vestirme para salir a cubierta, pues si me acomodaba allí, observando absorta aquel magnífico paisaje era capaz de quedarme todo el día. Me puse una camiseta desmadejada, unas mallas y mis botas. Aún ahora, cuando salgo por la puerta a cubierta y veo todo siento cómo mi corazón se llena de orgullo. Ya estaba en la cubierta, todo marchaba bien. Me senté en mi mesa y tomé el desayuno. Eso sí era vida. Desde allí, imaginaba a toda esa sociedad en sus casas, despertándose y viendo nada más que casa y peleando por cosas absurdas, incomprensibles.

Después de desayunar, me fui a mi habitación, cogí la llave de mi bota y abrí el cajón de mi escritorio y el cofre que había dentro. Me senté en mi sillón y comencé a mirar y contar todos los tesoros descubiertos en mi barco. Entonces, no sé por qué, tuve un presentimiento, una corazonada y salí corriendo cogiendo a mi paso una pistola y unos prismáticos. Jamás me hubiera imaginado que iba a ver lo que vi a través de los prismáticos. Era impresionante, una sensación de veras inexplicable. A lo lejos, una isla, una nueva isla. Nos acercábamos poco a poco, con cuidado, siempre hay que ir prevenido. Los prismáticos en una mano, en la otra, la pistola, la mirada fija, y mi corazón saliéndose del pecho. Estábamos más cerca. Palmeras repletas de cocos, arena blanca, acantilados, la espuma blanca de las olas rompiendo en la orilla, miles de sendas esperando ser descubiertas, frutos exóticos, pájaros y especies jamás vistas y nadie, nadie a la vista. Yo, gritando a pulmón abierto en cubierta, con unas ganas y una energía insaciable. Después de días y días, tal vez meses, atracando barcos sin nada descubierto, llegó aquel día. Aquel inesperado y maravilloso día...

Una aventura digna de la mejor historia de piratas jamás escrita nos esperaba, pero esa historia os será contada en otra ocasión. De todos modos, si vos no sois pirata, si no sentís igual que yo, jamás lo entenderéis.

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón