Del caramelo a la puerta del colegio a la recarga del móvil

 

Carlos Represa, coordinador de Aula Segura

La primera advertencia de tus padres cuando ya ibas solo al colegio era que no aceptaras ni caramelos ni nada de nadie. Los tiempos han cambiado y los pequeños tienen claro que no tienen que hacer caso a los desconocidos, pero ¿y en Internet? La nueva herramienta a través de la cual puedes trabajar, estudiar, viajar, comprar, vender, ver películas, escuchar música, leer libros y, sobre todo, comunicarte con otras personas, es una gran desconocida.

Además, los padres están a años luz de los usos de la red en comparación con sus hijos, por eso hay que tener una especial atención en cómo la utilizan. Uno de los riesgos que corren los menores en la red es que personas adultas, mediante una serie de estrategias, se ganen su confianza con el fin de obtener concesiones de índole sexual.

Una de esas estrategias es recargar el teléfono móvil de los chicos. Es decir, el adulto ofrece recargas de 5 euros a cambio de poder llamar al teléfono que ha recargado. Para efectuar la recarga, el joven tiene que facilitar su número de teléfono y es aquí donde lo barato sale caro. Al principio, las charlas son inofensivas hasta que se va estrechando la relación a base de recargas semanales. Luego ya empiezan los temas más personales y conversaciones subidas de tono. A partir de este momento ya no hay escapatoria, el acosador llama al joven para hablar sólo sobre este tema y en el momento que el menor se niega a seguir, el pederasta llama y manda mensajes amenazadores para no perder su fuente de alimentación.

Por otro lado, cometiendo el mismo delito están los que se hacen pasar por compañeros de clase o amigos de sus amigos. Al principio, como se han ganado la confianza de la víctima, intercambian material que parece inofensivo, como fotos en la playa o con las amigas posando, pero luego entra en juego el chantaje o el acoso y esas fotos ya no se conciben como inocuas. De hecho, los delincuentes sexuales acceden a los sistemas informáticos de las víctimas para robárselas. Entonces, este material se convierte en el arma arrojadiza con la que chantajean a los menores amenazándoles de que lo colgarán en páginas que visitan sus amigos si no les dan más, o enviarán directamente lo que tienen a su lista de contactos.

El resultado es siempre el mismo. Los adolescentes son sometidos a un acoso y derribo por parte de pederastas, que se creen a salvo por el anonimato de Internet. Además, los jóvenes que se ven subordinados a este tipo de agresiones no suelen denunciar por la vergüenza que les supone contarle a sus padres que han enviado fotos posando, mientras que los padres sólo quieren que su casa vuelva a la normalidad y pillen al que estaba al otro lado del ordenador.

Por ello, sólo una buena educación y formación en el uso de esta herramienta puede asegurar la tranquilidad de todos. Si se vuelve a insistir a los hijos que no hablen con desconocidos, pero con el matiz de que ni a través de Internet, si se incide en los riesgos que supone exponerse en Internet, se conseguirán los mismos resultados que con los caramelos a la puerta del colegio, ya nadie hace caso de ellos.

Visita: www.aulasegura.org

 

 

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