Vivir de prestado

 

Los refugiados saharauis sobreviven fuera de su tierra, gracias a la ayuda de las oenegés, en campamentos bastante precarios

Ruth Mayayo (Periódico del Estudiante)

"Lo tienen todo, dentro de la precariedad, pero les falta su territorio". Así explica Agustín Gavín, presidente de la oenegé MPDL la organización a la que se ha llegado en los campos de refugiados saharauis en Argelia. Después de 30 años, han conseguido una sociedad muy bien estructurada, con escuelas, médicos, poderes ejecutivo, legislativo y judicial... Pero siguen viviendo de prestado. "Los campamentos se levantaron en Argelia, donde miles de saharahuis huyeron en 1975 después de la Marcha Verde de Marruecos. Desde entonces viven en tiendas de campaña a costa de ayuda humanitaria, sobre todo de España", indica Gavín.

"Su principal necesidad física es el agua", asegura el presidente del MPDL Aragón, pero su otra gran necesidad es "volver a su país y tener soberanía", sentencia. Actualmente, el territorio del Sahara Occidental –el hogar de los refugiados en estos campos– está dividido en dos por un muro de más de 2.000 kilómetros de largo construido por Marruecos, país que ocupa el territorio desde 1975. Mientras tanto, los informes de muchas organizaciones de Derechos Humanos –Human Rights Watch, Amnistía Internacional o el alto comisario de la ONU para Derechos Humanos– revelan que Marruecos viola permanentemente los derechos humanos de la población saharaui de las zonas ocupadas.

"En Marruecos no nos dejarían entrar a ayudar a los saharauis. Hablan de cárcel, de persecución policial... Ahí no dejan entrar a las oenegés, al menos no las que no son próximas a ellos. No se puede trabajar en los campos de refugiados y en el territorio ocupado a la vez", desvela Agustín Gavín. El presidente del MPDL asegura que las ONG reivindican la independencia del pueblo saharaui, pero "para Marruecos, el Sahara es una provincia más".

Compleja situación política

Esto deja al Sáhara Occidental con la situación política más compleja del continente africano. Tras la firma de los Acuerdos de Madrid, el 14 de noviembre de 1975, España cedió la administración (no la soberanía) del Sáhara a Marruecos y Mauritania. Cuatro años después, en 1979, Mauritania se retiró, pero no Marruecos, que desde entonces ocupa gran parte del territorio saharaui. Tras 15 años de guerra entre Marruecos y el Frente Polisario, el Consejo de Seguridad de la ONU propuso un plan de paz y en 1991 se firmó un acuerdo de alto el fuego. Pero quedó pendiente un referéndum según el cual los saharauis podrían decidir si querían ser independientes o formar parte de Marruecos. El reino marroquí ha ido alegando diferentes motivos para no llevarlo a cabo y la situación se ha ido postergando irremediablemente.

Sin embargo, los activistas prosaharauis intentan periódicamente que el mundo no olvide su causa, ya que ellos denuncian constantemente abusos y torturas por parte de las autoridades marroquíes. Una de las grandes luchadoras por la independencia del Sahara es Aminatou Haidar, que estos días ha ocupado gran caudal informativo por la huelga de hambre que comenzó hace más de dos semanas cuando el Gobierno marroquí la expulsó del país por negarse a reconocer la nacionalidad marroquí en los impresos de entrada al Sahara, a la vuelta de un viaje internacional. A raíz de esto, se le confiscó el pasaporte y comenzó un periplo diplomático en el que España se ha visto directamente involucrada. Haidar ha rechazado todas las propuestas que hasta ahora le ha hecho el Gobierno español y Marruecos se está enrocando en la postura de no ceder si no pide perdón. Haidar se ha hecho fuerte y está dispuesta a autoinmolarse por los derechos del pueblo saharaui. "Está haciendo una labor de propaganda muy importante", señala Agustín Gavín, quien no augura una buena solución.

Misión de la ONU

La soberanía marroquí sobre el territorio del Sahara Occidental no está reconocida por las Naciones Unidas y es rechazada por el pueblo saharaui, que proclamó su independencia con el nombre de República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en 1976. La RASD administra la zona del Sahara Occidental no controlada por Marruecos. Y en medio, la ONU estableció la Misión de Naciones Unidas para el referendo en el Sahara Occidental (Minurso) con el objetivo de que el pueblo saharaui pueda elegir su destino.

Y mientras tanto, la vida transcurre lenta para los refugiados, como en el interior de un gigantesco reloj de arena, porque eso, la arena que constantemente se les mete por los ojos y los oídos, es su única visión día y noche. "La vida en el desierto es muy dura, cada mañana se levantan generaciones completas de una misma familia cuyo único horizonte es el desierto", explica Gavín. El desierto y la esperanza de volver a casa.

La difícil vuelta de Aminatou Haidar a su hogar en el Sahara Occidental

El final se adivina difícil. Admitir que es marroquí es el precio que la activista saharaui, Aminatu Haidar, tendría que pagar para regresar a El Aaiún (Sahara marroquí) si acepta la oferta que el Gobierno de Marruecos le pone sobre la mesa. Rabat está dispuesto a otorgarle un nuevo pasaporte. Sin embargo, a Aminatu Haidar no se le puede devolver su viejo pasaporte porque ella misma "renunció" a él firmando una declaración en la que "se negaba a ser marroquí", lo que le valió la expulsión del país. Después de más de dos semanas en huelga de hambre, Haminatou Haidar, a quien ya han apodado como la Ghandi saharaui, ha asegurado que está "decidida a ir hasta el final". Esto ha preocupado a sus seguidores, ya que su estado de salud empieza a deteriorarse tras tanto tiempo sin ingerir alimentos. Haidar insiste en que no vino a España por su "propia voluntad" sino que lo hizo "obligada". "He sido secuestrada, detenida, torturada, alejada de mis hijos por Marruecos", afirma. "Si Marruecos tiene alguna causa contra mí, que me lleve ante los tribunales y que sea lo tenga que ser", ha aseverado. "Mi dignidad está por encima de mis hijos y por encima de todos", asegura. Pero también reparte para España: "El Gobierno español es el responsable de lo que pueda ocurrir en esta huelga de hambre", advierte.

Sin embargo, la activista ha desbordado la paciencia del Ministro de Asunto Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, al rechazar una tras otras todas las opciones que el Ejecutivo español le ha ofrecido: un nuevo pasaporte, aceptar el estatuto de refugiada política o la nacionalidad española. Ella no desea el pasaporte español porque asegura que no quiere ser una extranjera en su propia casa. Y, además, Marruecos no le garantiza que la dejen entrar por tener nacionalidad española. Fuentes de la embajada marroquí afirman que lo que Haidar desea es que en su pasaporte aparezcan las palabras `República Saharaui', inexistente en la actualidad. El Gobierno español ha solicitado la intervención del secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, para entablar un diálogo que permita a Haidar regresar a casa.

 

 

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