Un recuerdo mortal

 

María Urieta, Lara López y Clauda Ligüeri, IES Biello Aragón

Era una noche de martes, pero no era un día cualquier. Era martes y 13. Yo vivía en una pequeña casa, cerca de un gran y misterioso cementerio. Cuando el reloj de la iglesia marcaba las ocho, me disponía a salir a la calle por primera vez, tras el mortal accidente que sufrió mi querido esposo, Borja.

Estaba nerviosa, asustada, pálida... Me situé frente al volante cuando noté que aumentaban fuertemente los latidos de mi corazón. Tras varios intentos, logré arrancar el coche y logré avanzar varios kilómetros sin derramar ni una sola lágrima. No podía olvidar su recuerdo, notaba que seguía presente. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y sentí que alguien me observaba. Desvié la mirada hacia la derecha, comprobando que nadie me vigilaba. Noté por segunda vez aquel intenso escalofrío. Desvié más lentamente la mirada. Y mi cuerpo se estremeció. En el cristal vi reflejado el rostro de mi difunto marido. Mi cuerpo se iba paralizando por segundos. Cuando me quise dar cuenta me encontraba atrapada en lo que era mi coche.

Sentía cada gota que derramaba mi cuerpo; mis ojos se cerraban lentamente y con el último suspiro que mi cuerpo quiso dar, pude lanzar al viento un último susurro. «Te quiero».

 

 

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