¿Y si fuera verdad?

 

María Estaún, IES Ramón y Cajal, Huesca

Esto que voy a relatar no ocurrió nunca, en ningún sitio y es muy probable que jamás suceda. El campo estaba muy hermoso. Los pájaros cantaban, el viento agitaba los árboles con un suave murmullo, el riachuelo discurría silenciosamente entre las rocas... Y, mientras tanto, nuestra protagonista seguía con los auriculares escuchando a toda pastilla lo último de U2. Caminaba a trompicones por aquellos prados, lo que no es de extrañar, pues los pantalones le apretaban y los zapatos de tacón le estaban causando ampollas. En ocasiones pensaba que le hubiera venido muy bien aquellas 'Converse' que tenía guardadas en su armario, pero que había cambiado por aquellas trampas mortales que tenía por zapatos. "No combinaban bien", pensaba la niña, puesto que había elegido el pantalón nuevo para dar una vuelta por el bosque. ¿Quién la veía por los alrededores? Nadie, pero su madre siempre decía que tenía que ir bien arreglada por si se encontraba a alguien inesperado y esas historias.

Con todos estos preocupantes pensamientos, llegó hasta una bonita charca que hubiera sido perfecta si no hubiera estado infectada de ranas. La chica se sentó sobre una roca, desenchufó el MP3 y se quitó la gorra que le hacía sudar más de lo debido para un día de primavera normal. Una de las ranas de la charca se acercó dando saltitos hasta su posición y con puntería se metió en su gorra, sin que ella pudiera evitarlo. Asqueada cogió la gorra y se levantó para dejar al bicho otra vez en la charca, pero una idea le vino de repente a la cabeza: "¿Y si fuera verdad lo de los cuentos? Y si le diera un beso ¿Se convertiría en un príncipe? O mejor, ¿en un ejecutivo multimillonario? ¿O en un roquero famoso, o en un clon de ese chico tan guapo de...?

"Pero me da asco", pensó. "Puedo contraer muchas enfermedades y qué más me da todo eso, me dan hasta arcadas solo de pensarlo. Pero podría ser que..." Sacudiendo la cabeza se quitó la idea que le venía a continuación, que implicaba besar a la rana y la sustituyó el sentido común. Los cuentos son mentira, no existe ni la Cenicienta, ni Peter Pan, ni ninguno de esos personajes fantásticos, la misma palabra lo dice: fantásticos. Con un suspiro fue a tirar a la rana a la charca, estiró el brazo, pero la mano se quedó congelada en el aire. Si le diera un beso nadie se enteraría --miró a su alrededor--, lo podría mantener en secreto y tampoco pasaría nada si tan solo la rozara, no sería tan trágico... Creo que tengo pañuelos en el bolsillo y algunos caramelos. No, creo que no pasaría nada si le diera un besito. Miró a la rana, no parecía tener infecciones ni nada por el estilo, superficialmente claro. ¿Sí o no?

Se quedó un rato pensativa y pareció que esos instantes decidieron por ella, pues sin pensarlo se llevó la gorra a la cara y besó al animal. Tiró la gorra al suelo y se limpió los labios con la manga de la camisa. ¿En que estaría pensando? Dios, qué estupidez, "si mis amigas me vieran", pensó mientras se ponía a caminar de vuelta a casa, pero recordó que la gorra seguía en el suelo. ¡Qué va!, la llevaba puesta un atractivo hombre, que con un gesto encantador se llevó una mano al interior de su cazadora, saco un cuadernillo y con una sonrisa dijo: "Lo siento señorita, ha infringido una ley, no se pueden cazar ranas y menos en época de veda. Le voy a tener que poner una multa".

Moraleja: Cuando vayas por el campo no beses a ningún sapo por si acaso.

 

 

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