La pequeña niña astronauta

 

Marta Escuer, IES Ítaca

En una ciudad no muy al norte existía una niña que no daba corte. Soñaba con ser astronauta, pero su familia no tenía ni para tarta. La niña era muy lista y tenía un don para estudiar, algo que algunos no tienen y no pueden aprobar.

En el colegio se reían de ella por no tener dinero ni para un cuaderno.

Menos mal que tenía dos amigas con las que hacía muy buenas migas.

Paseaba con ellas por la gran manzana; andaban, pero no se cansaban; miraban los escaparates llenos de chuches que, a veces, comprando llenaban sus buches.

¡Pobre niña que no tenía ni para gominolas! Pero sus dos amigas le daban hasta que se esfumaban.

Sus dos amigas le decían a veces que robara, que no pasaba nada, pero esta niña de gran corazón decía que no, que antes le atropellaba un camión.

Por las noches cuando se echaba a dormir veía por un gran agujero a las estrellas vivir.

A veces soñaba que tocaba una estrella ¡jo, cómo quema! decía sonámbula.

Creció y creció y mucho dinero ahorró, pero no era suficiente para lo que tenía en mente.

Su mejor profesora le dio dinero para que pudiera cumplir su sueño.

Se hizo mayor y en la universidad estudió.

Estuvo a punto de rendirse, pero su familia le ayudó.

Cuando terminó, una carrera se había sacado, y al amor de su vida había encontrado.

Fue a la NASA más nerviosa que una pasa. Después de un duro entrenamiento, al final volvió al firmamento.

Le dieron mucho dinero por salvar al mundo entero de un gran cometa de hielo. Y al final, a su familia ayudó con el dinero que ganó.

 

 

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