Escolapias 'por la paz'

 

los pequeños avanzaron con entusiasmo contra el muro hasta derribarlo y una fuerte ovación celebró su caída

Colegio Escolapias Calasanz, Zaragoza

El 28 de enero se celebró en el colegio Escolapias Calasanz de Zaragoza la Jornada por la Paz y la No Violencia. Todos los alumnos del centro, desde Infantil a Secundaria, nos reunimos en el polideportivo y tuvo lugar un acto con el que cerramos toda una semana de trabajo en las aulas. En las tutorías se había reflexionado tomando como referencia la caída del muro de Berlín, de la que se cumplieron 20 años recientemente. Cada alumno había fabricado un ladrillo (con un brick de leche y forrándolo de periódico). Estos bloques cubiertos de noticias negativas iban a servirnos para ir construyendo un muro en el gimnasio. Sobre él escribimos aquellos obstáculos que nos impedían alcanzar la paz: egoísmo, rencor, peleas, insultos... También se trabajaron aquellas actitudes que favorecían el encuentro y el diálogo: amor, respeto, solidaridad...

Llegó el día y el polideportivo del colegio se fue llenando de alumnos que entonaban la canción Un deseo de paz. A continuación, la responsable de pastoral leyó un manifiesto a favor de la paz y una de las profesoras, un bello poema de Esteve Alcolea. En el centro, un muro gris, construido ladrillo a ladrillo por los alumnos. Ante él se fue formando un tren de la Paz, con alumnos de Infantil portando globos de colores cargados de amor, solidaridad, generosidad, entrega... Los pequeños avanzaron con entusiasmo contra el muro hasta derribarlo y una fuerte ovación celebró su caída. Para finalizar, se proyectó el audiovisual Que haya Paz en la Tierra y un representante de cada curso fue acercándose a depositar en una urna lo obtenido en la colecta para los damnificados por el terremoto de Haití. En total se obtuvieron más de 1.200 euros.

Ese muro cayó, pero todavía quedan muchos muros que derribar, muros que pisotean los derechos humanos, muros que vulneran todos los tratados internacionales, muros que separan el Primer Mundo del Tercer Mundo, muros más difíciles de romper, porque hay demasiados intereses (económicos, políticos...). Hoy desde aquí, nos gustaría abrir una puerta a la esperanza: que las generaciones futuras armadas con el diálogo, con la tolerancia, con la solidaridad, sean capaces de derribarlos.

 

 

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