20 años de libertad

 

Nelson Mandela cumple dos décadas como símbolo de la victoria ante la opresión

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

El pasado 11 de febrero se cumplían 20 años desde que un anciano saliera de la prisión de Víctor Verster (Suráfrica) entre vítores y aclamaciones. Se llamaba --y se llama-- Nelson Rolihlahla Mandela, aunque sus compatriotas le conocen como Madiba, el tratamiento respetuoso que reciben en su tribu. Pero ¿por qué era este hombre tan importante como para ser aclamado por la población? ¿Por qué pasó 27 años seguidos (algunos más antes) en prisión? Pues solo por ser una de las figuras más importantes del siglo XX en la lucha por la igualdad y la libertad.

Mandela nació en 1918 en la pequeña población de Mvezo, en una familia Real. Sin embargo, renunció a sus derechos para convertirse en abogado. De hecho, fue el primero en su familia en recibir educación. Ya durante sus primeros estudios, en Bellas Artes, fue expulsado por involucrarse en movimientos de resistencia ante la discriminación que los negros sufrían en su país. Pero su activismo estaba muy por encima de las protestas estudiantiles.

Sus aspiraciones siempre fueron conseguir la abolición del régimen del apartheid, la igualdad y el voto para todos los ciudadanos, la democracia, en definitiva; pero sus estrategias fueron variando a lo largo del tiempo, en buena medida debido a la actuación de los dirigentes blancos. En un principio, a imagen de Ghandi en India, se inclinaba por la resistencia pacífica. Desde la Conferencia Nacional Africana (ANC, en inglés), dirigió movimientos de protesta, intentos de huelga y desobediencia civil, lo que le hizo pasar algunos años en prisión. Sin embargo, la represión de estas protestas por parte del gobierno del Partido Nacional, que en algunos casos llegaron incluso a desembocar en muertes de civiles, hizo que Mandela y sus compañeros tuvieran que plantearse otros métodos.

Se fundó entonces la rama armada del ANC, llamada la lanza de la nación. Mandela, ya acostumbrado a viajar por Suráfrica escondiendo su identidad bajo distintos disfraces (campesino, chófer...), inició una serie de viajes a países extranjeros para conseguir apoyos, financiación para la lucha y formación militar. Tanto las autoridades blancas de su país como la ONU le consideraban terrorista, si bien los objetivos militares de su organización eran atacar instalaciones o edificios significativos o económicamente importantes para el gobierno surafricano, evitando causar víctimas civiles.

El largo camino hacia la libertad

Tras su regreso a Suráfrica Mandela fue capturado y encarcelado, y junto a otros dirigentes del movimiento de liberación fue condenado a cadena perpetua en 1964. La mayor parte de sus siguientes 27 años como presidiario los pasó en Roben Island: Incluso allí se mantenían las desigualdades del apartheid, los presos negros recibían menos comida y tenían que trabajar más en la cantera. Mandela aprovechó su estancia en la cárcel para conseguir el título de Derecho por la Universidad de Londres. Aprendió el idioma de sus captores, el Afrikáans y resistió todos los intentos de negociación para que abandonara el liderazgo del ANC y la lucha armada a cambio de la libertad. "Solo los hombres libres pueden negociar", afirmaba, "los presos no firman contratos".

Su situación fue siendo mejor comprendida por la comunidad internacional, y desdiciéndose de su propia convicción --siempre destacó por ser un hábil estratega político-- comenzó, alrededor de 1985, a negociar con el Partido Nacional. La presión internacional y la llegada al poder de Frederik Le Klerk cristalizaron, el 11 de febrero de 1990, en su liberación. Este símbolo y el proceso de cambio que trajo consigo les valieron a ambos políticos el Nobel de la Paz en 1993.

Con la libertad conseguida, quedaba lo más difícil: reconciliar a un país marcado por la opresión y la desigualdad y convertirlo en la democracia más sólida de África. Mandela destacó por su talante conciliador, se convirtió en presidente en 1994, consiguió sus objetivos en cuanto a igualdad de derechos y unió al país sin caer en revanchismos ante los blancos. Sus esfuerzos cristalizaron en el Mundial de Rugby de 1994. Consiguió que los negros sintieran como suyo a un equipo --los Springboks-- que siempre habían detestado como símbolos del opresor. Ganaron.

Mandela abandonó la presidencia en 1999 y se centró en sus múltiples asociaciones benéficas y actividades humanitarias. Suráfrica está aún lejos de ser una país modelo, con altas tasas de criminalidad, desigualdades y SIDA. Pero es una democracia sólida con las herramientas necesarias para crecer. Cuanto menos es un símbolo, como la prisión de Roben Island, donde hoy se dan el "sí quiero" muchas parejas.

 

 

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