El gato negro

 

Juan Gutiérrez, Eduardo SIerra y Héctor Belío, IES Biello Aragón

Era lunes. No, martes, sí, martes trece. En una casa de un pueblo lejano vivía una pareja y su gato negro. El hombre estaba en el sótano trabajando en su nuevo invento. A la hora de probarlo no funcionaba. Se puso nervioso y estampó al gato contra la pared. Estaba muerto. Al oír tal estruendo la mujer bajó al sótano. Cuando se encontró al gato en la pared estampado se puso muy nerviosa y se puso a gritar muy fuerte. Tras tanto grito se podía oír: ¡qué has hecho! ¡estás loco!

El hombre se puso mucho más nervioso y un mal golpe de su mano dejó a la mujer estampada junto al gato. Al darse cuenta de lo que había hecho decidió hacer un agujero en la pared y enterrar ahí al gato y a su mujer. Al terminar de enterrarlos creía que ya todo había pasado pero no fue así... Al llegar la noche él se acostó solo en la cama, ya no estaba su mujer. De repente empezó a oír ruidos, alguien estaba arañando la pared. Él, al oír tal ruido se levantó de un salto de la cama y encendió la luz, pero no funcionaba la luz, no se encendía, cada vez el ruido se oía más fuerte y más fuerte. De repente paró el ruido y se empezó a oír ¡que has hecho...! ¡te arrepentirás...!

Volvió a intentar encender la luz y esta vez sí funcionaba. Miró la pared y encontró el ojo del gato incrustado en la pared. Tenía miedo, apagó la luz y se tumbó en la cama pero se volvía a oír el ruido. De repente, notó un arañazo en la cara y seguidamente una puñalada en el pecho. "Tengo frío, estoy muerto". Fueron las últimas palabras de este inventor. El martes 13 había acabado con la familia entera.

 

 

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