Cien años de aulas mixtas

 

Hace un siglo que la mujer obtuvo su derecho a la educación universitaria, pero en la dirección aún se echa de menos la paridad.

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

El Día Internacional de la Mujer, que sirve todos los años para repasar la situación del sexo femenino en el mundo, se celebró ayer. En esta ocasión coincidía además con una importante conmemoración de la historia de España: el centenario del decreto que permitió a las mujeres acceder a la educación universitaria. Cien años después cuesta imaginar una universidad sin mujeres, y en unos años quizá cueste imaginársela con hombres (exagerando un poco, claro). Pero la presencia de mujeres en las aulas tampoco es sinónimo de igualdad universitaria, como analizaremos más tarde.

Pero empecemos por el principio: La historia. El 8 de marzo de 1919, una Real Orden autorizaba a las mujeres a acceder a la educación universitaria. Se acababan así los tiempos en que las mujeres tenían que recurrir a todo tipo de artimañas y trámites para recibir educación superior. Desde solicitar el permiso del Congreso de ministros a disfrazarse de hombre, pasando por tener que sentarse en la mesa del profesor o acudir acompañadas por un hombre. Solo 36 lo habían conseguido. En cualquier caso, una buena parte del mérito de que esa orden se firmara la tuvo Emilia Pardo Bazán --cuya imagen podéis ver en la página 3, junto a este texto--, desde su cargo de consejera de Instrucción Pública.

Pardo Bazán, una de las más célebres escritoras de la historia de España, nació en La Coruña en 1851. Fue una mujer atípica en muchos (casi todos) los aspectos, incluyendo el de renegar de la educación típicamente asignada a las mujeres de su clase. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de la población, hombres y mujeres, era analfabeta. La escritora se negó a dedicarse a la música y otras disciplinas femeninas para dedicarse a la literatura. Y a luchar por la igualdad de las mujeres.

Para ella, como para muchos otros después, una de las principales razones para la desigualdad estaba en la educación, que hasta entonces calificaba como "doma, pues tiene por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión". Influída por sus viajes y por su conocimiento de culturas europeas más avanzadas por entonces, principalmente Francia, luchó porque se reconociera la igualdad de los sexos en todas las facetas. Por su parte dio buen ejemplo con comportamientos de lo más extraños y escandalosos en aquella época, como separarse de su marido o tener amantes mucho más jóvenes que ella.

Volviendo a la universidad, esa Real Orden fue un hito como símbolo, pero no tanto como realidad. Sobre todo porque, relativamente poco después, vino la dictadura, y las libertades e igualdades dejaron de estar tan bien vistas. Pero también porque ya se anticipaba el fenómeno que se conoce como Techo de cristal, es decir, que las mujeres acaban por no acceder a los puestos más altos de la escala de poder. Algunas pruebas de ello son que la primera Catedrática de Universidad no consiguió ese puesto hace unos 50 años. Se llamaba Ángeles Galino. Y tuvieron que pasar 25 más para que hubiera una rectora, Carmina Virgili. Áurea Javierre, Donaciana Cano, Amparo Poch, Sara Maynar y Carolina Jiménez son algunas de las pioneras en Aragón.

Hoy en día, como apuntábamos la semana pasada en El Periódico del Estudiante, la educación superior va siendo cada vez más cosa de chicas. Así se comprueba, sin ir más lejos, en los datos de matriculaciones facilitados este año por la Universidad de Zaragoza. De un total de 31.067 alumnos, 17.110 son chicas, mientras 13.957 son chicos. Un 55% de mujeres. Esto se da incluso en carreras de ciencias puras, tradicionalmente atribuídas a los chicos, excepto en Estadística y en Física. En Ingenierías, Arquitectura y algunas otras, ellos siguen por encima.

No se puede negar el gran avance en cien años. Sin embargo, no es para tirar cohetes, como recuerda Rosa Borraz, directora del Instituto Aragonés de la Mujer. "A nivel de alumnas las cosas marchan bien, pero en puestos directivos no tanto. Solo el 13,9% de las cátedras universitarias están ocupadas por mujeres en España. En la Universidad de Zaragoza, con datos del 2007, solo el 33,3% eran mujeres en los vicerrectorados, aún menos (16,6%) en el decanato. Las directoras de departamento eran un 24%, y no había ninguna mujer en la dirección de las escuelas universitarias", resume Borraz.

Así pues, imaginando los puestos de poder como una pirámide, encontraríamos una buena representación de mujeres en la base, pero cada vez menos conforme escaláramos. Algo que, como veremos en los textos de abajo, no solo se da en la universidad. Queda camino por andar.

A debate: Cocina y costura para celebrar la igualdad

Para celebrar el Día de la Mujer, el Ayuntamiento de Madrid organizó en el Centro de Atención Social a Mujeres María Zambrano un taller de costura --bajo el nombre ´Las mujeres no pierden el hilo´-- y un concurso de cocina, concretamente de postres. Solo para mujeres. Las actividades despertaron cierta polémica, ya que desde la oposición se quiso ver en ellas una asociación de la mujer con sus ´papeles tradicionales´, teóricamente superados en la actualidad. Desde el centro se señaló que habían sido las propias mujeres las que habían solicitado estos actos, que además se acompañaban de otros como un concurso de poesía. Todo sería para "reforzar la autoestima" de la mujer. ¿Qué opinais?

 

 

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