Amor prohibido

 

Natalia Campo, El Pilar Maristas

Triste y solitaria
una dama lloraba,
lágrimas eternas
sobre su cara resbalaban.
Apoyada en su manto
se desahogaba,
la pérdida de su amor
la torturaba.

Su amor de viaje se fue
para no volver,
nunca más vería
su tierna sonrisa
y su luz al mirar.
De rodillas
junto a la mar
se despedía
de aquel
que fue su amado
y ya no regresaría,
dejando que de rodillas
la mar se la llevara.

Mientras se desahogaba
al ver que nunca más regresaría
al ver que su vida
no tenía sentido si él
ya no estaba,
y nunca más
su voz aterciopelada
poder oír,
su piel delicada
ver y sentir.

La noche eterna
sobre ella se cernía,
la lluvia caía
mientras esperaba
el momento de su despedida
con esta vida,
para comenzar una nueva
con su amado,
el que ya no regresaría.

 

 

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