El desierto

 

Pablo Yus, El Pilar Maristas

Ante mis ojos se extendía la inmensidad de un océano de dunas. Árido, sin vida, ni una sola ave surcaba la enorme cúpula celeste que me abrasaba y dificultaba mi ya entrecortada respiración.

Ni un triste hierbajo tintaba de verde el monótono y espectacular mar de arena que pisaba. Las dunas se me antojaban montañas milenarias, sin embargo, ayer eran otras las que ocupaban este mismo lugar.

Eternas y fugaces al mismo tiempo, todas las noches, cada granito de arena se desplazaba movido por los vientos que decidirían en cual de las enormes dunas se acoplaría durante el día.

 

 

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