Alimentación: asignatura pendiente

 

Los hábitos alimenticios de los adolescentes, que influirán en la etapa adulta, son poco saludables

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

Probablemente muchos de los que leéis este suplemento coméis en el colegio. Mucho más en el caso de los niños más pequeños. En principio, los menús deberían de estar cuidadosamente planeados para satisfacer las necesidades energéticas de todos, pero lamentablemente no es así. Eso al menos denunciaba un reciente estudio de la asociación española de pediatría. "Se observa que los menús escolares no incorporan verduras, hortalizas, frutas y pescados en las cantidades recomendadas y, por el contrario, se emplean en exceso las grasas en la preparación de los mismos", asegura el doctor Jaime Dalmau, coordinador del comité de nutrición de la citada asociación.

Esta situación, ya de por sí preocupante, se agrava porque tampoco en casa se respetan las normas de una correcta nutrición. Según Dalmau, la alimentación en el hogar está cada vez más alejada de la famosa dieta mediterránea: "Hoy en día, son muy pocos los niños que siguen una alimentación ajustada a las recomendaciones", afirma. Los problemas en realidad son de sobra conocido, y probablemente vosotros mismos os podríais hacer una idea de cuáles son a poco que repaséis vuestra dieta. En cualquier caso, el doctor los resume en los siguientes: "Los niños prefieren la pasta y arroz y rechazan las verduras, pescados y legumbres. Se consume solo una pieza de fruta al día, y verduras y hortalizas en porcentajes por debajo de las recomendaciones. Se abusa de la carne y de los embutidos y se sustituye la fruta por los productos lácteos cuando deberían ser complementarios".

Todo ello combinado con una mala distribución de las ingestas, que deberían de ser cuatro, pero a menudo son menos. Aunque sea difícil calcular lo que se come en porcentajes, puede ser orientativo decir que se deberían consumir el 25% de las calorías del día en el desayuno, el 30% en la comida del mediodía, entre el 15 y el 20% en la merienda y entre el 25 y el 30 a la hora de la cena.

Desde algunos centros aragoneses pertenecientes a la Red de Centros promotores de Salud se intenta cambiar la mentalidad de los alumnos y que adquieran hábitos saludables en diversos temas. En Santo Domingo de Silos, concretamente, celebran la Semana de la Salud, que refleja los trabajos, actividades y campañas realizados en las aulas. La idea, según cuentan desde el colegio, es «promover buenos hábitos alimentarios en los alumnos y de que éstos los transmitan, si es preciso, a sus familias».

Dentro de estos hábitos se inscribe el Plan de consumo de frutas y hortalizas en la escuela. Un día a la semana se reparte fruta lavada y preparada para comer a la hora del recreo, frente a la bollería industrial y productos preparados que suelen ser el almuerzo de muchos estudiantes. «Hemos aprendido que el comer frutas y verduras mejora el rendimiento intelectual, que son fuente de vitaminas y que por tanto deben ser un alimento básico en nuestra dieta. El saber qué comemos, lo que nos puede perjudicar, así como todo lo que nos puede beneficiar, nos ayuda a tener buena salud», aseguran desde el centro.

Esta labor en torno a la alimentación en Santo Domingo de Silos se complementa con otros cursos de temas relacionados con otros aspectos de la salud, como el tabaquismo, el alcoholismo o la drogadicción, así como la autoestima, la donación de órganos o la sexualidad. Pero la alimentación sigue teniendo un papel protagonista, y es bueno que así sea, porque los malos hábitos están trayendo las primeras consecuencias. En España, el 14% de la población infantil y juvenil presenta obesidad, y según el doctor Dalmau «cada vez está siendo más frecuente en las consultas ver niños con problemas de metabolismo asociado a la obesidad y de osteoporosis», enferme dades tradicionalmente ligadas a otras etapas de la vida.

Hay que tener en cuenta, y nunca está de más repetirlo, que la infancia y la adolescencia es un periodo especialmente importante para la salud, ya que el crecimiento condiciona el resto de la vida. Una alimentación inadecuada afecta al rendimiento académico, y según los estudios los hábitos adquiridos en esta época se mantendrán en la edad adulta. Así que más vale tener unos buenos hábitos que se consoliden. En cualquier caso no es todo tan sencillo como simplemente proponérselo, ya que el ritmo de estudios y otras actividades va dejando cada vez menos tiempo; combinado con el trabajo de los padres, el camino fácil acaba siendo la comida rápida o preparada. Por el bien de la salud, presente y futura, habría que hacer un esfuerzo por la comida tradicional. Al fin y al cabo, está buena.

Más información en www.eufic.org y www.adaner.org o consultando a tu médico de cabecera.

 

 

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