Verdad y mentira de la corona

 

San Jorge, conmemoración con raigambre reivindicativa, sirve para repasar las tergiversaciones históricas que aún se cometen en relación con la Corona de Aragón.

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

El viernes se celebra San Jorge, el Día de Aragón. Una fecha que suele servir para renovar viejas reivindicaciones, como lo fue hace pocos años el nuevo Estatuto de Autonomía. Uno de los aspectos que más se puede y se debe reivindicar es nuestra historia, porque como dice José Luis Corral, escritor y catedrático de esta disciplina, "somos herederos de ella, somos como somos por ella".

Y buena prueba de la importancia del pasado son las manipulaciones a las que se lo somete. En lo que nos toca, suelen proceder de Cataluña, según Corral "por desconocimiento de la Historia y por complejos" de algunos políticos y profesores nacionalistas. Se intenta potenciar las aspiraciones del presente proyectándolas en el pasado, es decir, justificar la independencia de un territorio haciendo ver que siempre fue independiente y diferente.

Pero la realidad es la que es. Cataluña aparece como identidad territorial, no cultural, en 1196. Su gestación tuvo más que ver con la yuxtaposición de condados independientes que se fueron uniendo en torno al condado de Barcelona. Mientras Aragón, como condado, ya está presente en el 808, solo en el valle de Hecho (basándose en referencias documentales), y el reino se va configurando por expansión.

En cualquier caso, no tiene sentido analizar los territorios históricos con la mente puesta en los territorios actuales. Corral lo ilustra con un ejemplo muy gráfico: "Todas las naciones europeas son creaciones que se van gestando a lo largo de los siglos. Si en un mapa en blanco de Europa fuéramos dibujando con un rotulador todas las fronteras de los distintos estados que ha habido a lo largo de la historia, se acabaría convirtiendo en una gran mancha negra", asegura.

Aragón tiene motivos para reivindicar su historia y la de la Corona que lleva su nombre, es una personalidad histórica. No solo por batallas y conquistas, sino por su legislación. "Tenía un derecho genuino que igualaba a los ciudadanos que lo poblaban. Su cohesión no estaba en las fronteras territoriales, sino en la legislación". Parte del espíritu de estas leyes se plasmaba en el Estatuto de Autonomía de 1868, que no llegó a entrar en vigor, en el que se aseguraba "Sea aragonés el que quiera ser aragonés". El derecho por encima del territorio. En algunos aspectos Aragón llegó a ser muy avanzado para la época: "En los fueros medievales se decía que las tres religiones tenían que tener los mismos derechos. Al final, la idea fracasó, pero en el siglo XII no había muchos que se atrevieran a plantear algo parecido en Europa", cuenta.

Volviendo a las justificaciones nacionalistas, la estrategia de falsificar la historia comenzó en el siglo XIX, e incluyó la manipulación de documentos del Archivo de la Corona, que ahora está en Cataluña. Algunos de estos daños incluyen el raspado de sellos reales, ya irreparables. Estos documentos mutilados y manipulados sirven ahora de respaldo a tesis independentistas.

La estrategia, desde hace varios años, consiste, a grandes rasgos, en ir repitiendo las mismas mentiras hasta que, a fuerza de acostumbrarse a ellas, se conviertan en verdades aceptadas. Para Corral, esta idea de la repetición está lejos de ser casual, es "una estrategia para que las ideas vayan calando, gota a gota, y dar idea de una nación eterna, atávica". Lo cual, como explicábamos antes con el mapa-borrón de Europa, es falso.

Y lo malo es que lo consiguen, se ve en los medios de comunicación a menudo. Recientemente, en el estudio de la tumba de Pedro III el Grande (que, por cierto, era nombrado frecuentemente como Pedro II, su nomenclatura como conde de Barcelona), varios medios de comunicación se referían al monarca de la Corona catalano-aragonesa. Algunos rectificaron, otros no.

Para el catedrático, estos errores no son del grueso de la sociedad catalana, y menos de los estudiosos. "La mayoría de los historiadores serios no tienen problemas con los datos, pero los políticos sí. Y claro, por mucho que digamos la verdad, un político tiene mucha más repercusión", lamenta el historiador de Daroca. Lo peor es que estas tesis erróneas, y no solo estas, están calando en la educación: "Las tesis nacionalistas de todo tipo se imponen, y llevan por ejemplo a confundir Andalucía con Al Andalus, Castilla con España o a ese invento de los Países catalanes, que nunca existió", concluye.

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