El horizonte

 

Aída Alconchel, IES Pirámide de Huesca

El mar fue su único testigo. Durante una semana, para Eva inolvidable, se convirtió en su confidente, y pasados tantos años aun sigue guardando en sus aguas más profundas todos esos momentos que pasaron juntos mirando al horizonte, acompañados únicamente por el sonido y la brisa de las olas.

La mañana soleada del 8 de agosto de 2023 Eva estaba tumbada en la playa, observando a la nada y pensando-. Entonces sintió que le invadía un recuerdo, el olor de aquel chico que 15 años atrás había conseguido enamorarla. Se levantó y ahí estaba Roberto, delante de ella, como si de una aparición se tratase. Sin preguntarle cómo había dado con ella empezaron a conversar, aunque lo primero que hizo fue mostrarle su muñeca. Aún conservaba la pulsera que Eva le regaló al igual que ella todavía tenía la suya. Aunque sean dos simples pulseras y que el hecho de habérselas entregado suene un poco ridículo, le demostró que no se había olvidado de ella a pesar de los años y la distancia que los separaba.

No había cambiado mucho su forma de ser, pero se notaba que ya no era el mismo, pues había madurado mucho. Juntos recordaron esos momentos que para ambos quedarán grabados para siempre; pero desgraciadamente no pueden regresar a ese lugar, tan solo pueden recordarlo. Fue un reencuentro amistoso. Ambos estaban sin pareja pero sabían que lo suyo fue muy especial, un amor de verano que poco a poco se fue convirtiendo en una gran amistad.

Desde entonces ve el mar con otros ojos. Cuando se sienta sola a observar el horizonte, lo ve distinto, o quizás es ella, puesto que sin él esos momentos pierden la dulzura que tenían ese verano del 2008, acompañada por su verdadero primer amor.

 

 

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