'La nube' siembra el caos

 

La nieve sobre el volcán islandés ha sido la causante del desastre provocado por la erupción

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

La erupción del impronunciable volcán islandés Eyjafjalla --tanto es así que en la mayoría de medios se le ha rebautizado simplemente como El volcán islandés-- ha provocado tal caos en la aviación europea, el mayor de su historia, que parece que nunca hubiera habido un fenómeno de estas características. Sin embargo, el volcán en sí no es especialmente grande ni explosivo, como explica Enrique Arranz, jefe del departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza. La clave de este desaguisado está en los 200 metros de nieve del glaciar que lo cubría.

La erupción en sí, como decíamos, no es extraña; menos aún en Islandia, tierra eminentemente volcánica y de gran actividad sísmica. De hecho, el mismo volcán tiene actividad documentada a final del siglo VI y principios del XIX. Pero, lógicamente, no había tenido posibilidad de provocar este caos.

"El problema en ésta y en otras erupciones islandesas es la entrada de agua en el conducto volcánico", explica Arranz. Si no fuera por esta circunstancia, el fenómeno sería parecido a los de los volcanes de Hawai. Es decir, la lava --basáltica-- sale con poca explosividad, con fragmentos grandes de roca que se elevan poco. En el caso de las islas del Pacífico, la lava se desliza hasta el océano, provocando gran cantidad de vapor, pero poco más, la nube eruptiva no es ni mucho menos tan grande.

El problema aquí se agrava porque "la lava, a gran temperatura, se mezcla con la nieve y esta se vaporiza inmediatamente, fragmentando la lava de forma violenta y generando una corriente de aire que se eleva mucho y muy rápidamente". No es el mismo fenómeno físico, pero para hacerse una idea se puede pensar en lo que pasa al echar los congelados en el aceite caliente.

Así pues, la atmósfera se llena de pequeñas partículas de lava solidificada cuya expansión puede llegar a ser mundial. Lo fue la explosión del volcán Krakatoa, en el siglo XIX, cuyos efectos en forma de partículas en suspensión se dejaron sentir por todo el planeta en los cuatro años posteriores a su erupción.

En cualquier caso, el problema no es la erupción en sí. Verdad es que ha habido que desalojar algunas poblaciones próximas a la zona, y la erupción ha destruído algunas infraestructuras, pero lo que ha hecho que este fenómeno adquiriese carácter de noticia de primera plana mundial han sido sus afecciones al tráfico aéreo. La primera erupción fue el 20 de marzo, pero cuando de verdad se desató la locura fue hace tan solo un par de semanas. A finales de la semana pasada la situación parecía ir volviendo a la normalidad, algo que para Arranz es lógico. "Lo normal es que conforme la zona helada se derrita y se aleje del cono volcánico se acabe la erupción explosiva", explicaba, "aunque los problemas pueden seguir durante algún tiempo, como mínimo unas semanas".

Dependerá de la concentración de partículas y las corrientes de aire frío, que pueden hacer que las partículas se precipiten y caigan a tierra. En cualquier caso, la situación no revestiría peligro, "sería como cuando llueve barro, que no es más que tierra arrastrada por el aire que se encuentra con nubes cargadas de agua".

Volviendo al caos que se ha formado, ¿por qué esta erupción ha tenido paralizados a los aeropuertos de media Europa? Pues por diversos daños que las partículas de ceniza y lava pueden provocar en los aviones, como se ha demostrado (ver los antecedentes debajo de este texto). La nube se encuentra a la altura que utilizan los aviones para sus vuelos, y las partículas, muy pequeñas y abrasivas penetran en la turbina, se funden en ella y pueden llegar a parar los motores. El mismo efecto que puede tener un pájaro en un aereopuerto, pero más peligroso, ya que estas partículas están suspendidas en altas concentraciones y pueden paralizar todos los motores a la vez. Por si fuera poco, los gases tóxicos desprendidos del volcán pueden corroer el fuselaje de los aviones, e incluso intoxicar a los pilotos si se cuelan en cabina. Afortunadamente, los vuelos de prueba que se han realizado han servido para comprobar el peligro real en distintas zonas antes de retomar el tráfico aéreo.

La tormenta va pasando, pero una vez más, y van muchas últimamente, se ha demostrado que por muy avanzados que nos creamos tenemos poco que hacer contra los fenómenos atmosféricos y geológicos. Y, según Arranz, aunque "no se puede establecer una relación directa" entre esta erupción y los recientes grandes terremotos de Haití, Chile, Turquía y China, sí que parece "que la corteza terrestre se estuviera reacomodando", así que no serían descartables más fenómenos de este tipo.

 

 

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