Viaje con suspense

 

Alumnos y profesoras del centro zaragozano sufrieron las consecuencias del volcán islandés en su viaje a Estocolmo

Pilar Muñoz, Mercedes Juny, IES Miguel Molinos

El día 13 de Abril, 18 alumnos de 1° de Bachiller y dos profesoras del IES Miguel de Molinos de Zaragoza emprendimos viaje a Estocolmo para devolver la visita de los alumnos suecos del Danderyds Gymnasium, que habían estado con nosotros unas semanas antes. Todo iba según lo previsto, cuando un alumno nos dijo que había oído por la tele de su casa sueca que un volcán de Islandia había explotado y había producido una nube de ceniza que se dirigía hacia los países nórdicos, le aclaramos que los volcanes no explotaban, sino que entraban en erupción. Nos pareció una curiosidad, pero no le dimos mayor importancia.

El sábado por la mañana nos alertamos seriamente cuando nuestras colegas suecas nos dijeron que tenían un grupo de alumnos suecos en España implicados en otro intercambio y que, a la vista de que resultaba imposible volar a Estocolmo, habían decidido traerlos en autobús, así que nos ofrecían aprovechar la circunstancia y que nuestros alumnos viajaran a España con ellos, con lo que conseguiríamos dividir por dos el altísimo coste del operativo.

Cambiamos impresiones entre nosotras y consultamos telefónicamente con nuestro director, a la vista de que aún quedaban tres días de intercambio y de que no se sabía cómo iba a evolucionar la situación, decidimos esperar y ver. Hablamos con los chicos y lo entendieron perfectamente. No obstante, a partir de ese momento ya fue un sin vivir, atentas a la CNN, a los teléfonos, al correo electrónico y a cuantas noticias podíamos captar por cualquier medio. Las novedades que nos iban llegando no eran tan buenas como nos hubiera gustado y empezamos a considerar seriamente que no pudiéramos regresar en avión como estaba previsto, así que comenzamos a pedir socorro a los compañeros en Zaragoza, a la agencia de viajes y a todo aquel que creímos que pudiera ayudar.

Los chicos y chicas, que estaban tan contentos en Estocolmo confraternizando con sus colegas suecos, nos decían que las familias en las que estaban no tenían inconveniente en alojarlos algún día extra, pero no podíamos evitar que la incertidumbre nos afectara, estábamos a tres mil kilómetros de casa y sin tener nada claro cómo volver. Poco a poco empezamos a notar el apoyo que nos llegaba desde España, los padres nos tranquilizaban, asumían que el regreso pudiera retrasarse. El contacto con nuestros compañeros, especialmente del departamento de Inglés, era constante.

Cuando la responsable de Iberia en Estocolmo nos llamó por teléfono para mantenernos puntualmente informadas de la situación y facilitarnos las cosas, supimos que algo se estaba moviendo desde Zaragoza, que un largo hilo nos unía a casa y que no estábamos solas en aquel viaje.

Por fín llegó el día D señalado en nuestro billete de avión para volver a casa, parecía que la cosa pintaba bien, el espacio aéreo sueco no se había abierto del todo pero confiábamos en que hubiera un resquicio por donde poder colarnos. De repente nos llegó un SMS, Increíble: Todos los vuelos habían sido cancelados, excepto el IB 3321, el nuestro, apretamos los dientes y cruzamos los dedos mientras nos dirigíamos al aeropuerto de Arlanda. Nos confirmaron que el avión que venía de Barajas por la mañana y tenía que recogernos por la tarde, había salido de Madrid. Fue alucinante, todo el aeropuerto para nosotros, nos esperaban con las tarjetas de embarque, avisamos a Zaragoza que podían enviar el autobús a buscarnos a Barajas y cuando estábamos a punto de subir al avión, vimos que cambiaba el panel informativo y la palabra DELAYED aparecía.

Nos indicaron una larguísima fila, al final de la cual tomaron nota de nuestros nombres y nos informaron del número de autobús que teníamos que coger para ir a un hotel donde esperaríamos nuevas noticias. En el hotel coincidimos con muchas personas, cada una de las cuales tenía un historia que contar, la mayoría llevaba varios días intentando salir de Estocolmo por avión, surgieron corrientes de simpatía y solidaridad. La noche no fue tranquila: Primero nos avisaron de que teníamos que desayunar a las 4.00 para salir hacia el aeropuerto a las cinco, allí estábamos en plena noche, no sabíamos bien si desayunando o recenando, el caso es que después nos dijeron que saldríamos a las 6.00 y después que a las 8.00 y después que a las 11.00 informarían. Pero todo llega, por fin nos dijeron que el avión saldría a las 16.00. Volvimos al aeropuerto, esta vez mucho más animado, no obstante, por el rabillo del ojo veíamos en los paneles muchos vuelos cancelados. Cuando subimos al avión era difícil saber quien estaba más contento, si la tripulación, que llevaba varada cuatro días, o los pasajeros.

Pero aún quedaba otro capítulo en esta película de suspense, una vez todos colocaditos en el avión, éste no se movía y pasaban los minutos, finalmente nos informaron de que faltaban unos pasajeros y había que revisar el equipaje para desembarcar sus maletas. A las 17.00 despegamos, a las 21.00 todos rompimos a aplaudir cuando el piloto nos informó de que estábamos en Madrid. Tuvimos que esperar hasta las 2.00 para abrazar a nuestras familias. Estábamos felices.

Hay que decir que los 14 chicos y cuatro chicas con los que viajamos no pasaron desapercibidos en ningún momento, era inevitable que se hicieran notar, pero recibimos su apoyo sincero y contagiaron a todos su alegría juvenil, cantando y ganándose la simpatía del resto. Tuvimos la satisfacción de que nos felicitaran por su comportamiento. Un final feliz compensó tantas emociones.

 

 

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