Cine de palomitas

 

Los grandes taquillazos como 'Iron Man II' vuelven al rescate de la industria de Hollywood

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

El retorno a las pantallas de El hombre de hierro ha servido para demostrar, una vez más, que si el cine en teoría debe dejar algún mensaje profundo en el espectador, aunque sea de vez en cuando, de lo que vive es de estos megafenómenos. El llamado cine de palomitas sigue siendo la tabla de salvación de los grandes estudios de Hollywood, que no están en su mejor época. Y el ejemplo de Iron Man 2 es perfecto para resumir las características de estas superproducciones.

Y es que, de un tiempo a esta parte, lo que no sobra en términos generales en el cine americano es la imaginación. Pero ¿quién necesita crear nuevas tramas si los viejos comics lo dan todo hecho? Al menos no son tan trillados como los llamados remakes, simples reelaboraciones de películas del pasado sin más aportación que el color, en muchas ocasiones.

Iron Man 2 tiene, eso sí, una característica que la distinguen de muchas de sus predecesoras: Es solo divertida, y es lo que pretende ser. Es decir, no pretende profundizar en la mente torturada de su protagonista, como en las últimas entregas de Batman, ni plantear debates morales muy escabrosos. Se fundamenta en explosiones, persecuciones y humor, algo que le sienta como anillo al dedo al actor protagonista, Robert Downey Jr., y al personaje que interpreta, el multimillonario Tony Stark.

Esa honestidad de no pretender ir más allá del entretenimiento es de agradecer, y no es tan frecuente; ahí está el caso de Avatar, de James Cameron, espectacular y entretenida odisea que, sin embargo, quedaba algo ensombrecida con algunas declaraciones que pretendían dotarla de demasiado espíritu místico-ecologista. Pero claro, es discutible si esto realmente afecta a la calidad del filme en sí.

Volviendo a "cabeza de lata" --el mote por el que amigos y enemigos conocían a Iron Man en el cómic--, su éxito ha sido tal que, sin estrenarse en Estados Unidos (lo hizo una semana después que en España, por ejemplo, lo cual no es ni mucho menos habitual) ya había recaudado cien millones de dólares. Algo no tan extraño, teniendo en cuenta el éxito que suelen tener las películas de acción, particularmente de superhéroes, en taquilla. Lo que sí es sorprendente es la opinión favorable de la crítica, que no suele dar crédito a este tipo de superproducciones que brillan más por sus explosiones que por su mensaje. Quizá tenga que ver la honestidad de la que antes hablábamos, o la presencia de actores de peso como Downey Jr., Gwyneth Paltrow o el recuperado Mickey Rourke.

Sea como sea, y sin querer desvelar mucho del argumento, la fórmula sigue funcionando tan bien como en la primera película de la saga. Perdido el factor sorpresa y de la génesis del personaje, se tiende a abusar de la acción (hasta con dos hombres de hierro) y de los personajes --como ocurrió en Spiderman III--, pero en este caso el cóctel no es tan indigesto. El espectador suele salir del cine --no hay más que repasar las críticas en internet-- con la sensación de haber asistido a un espectáculo entretenido.

Y aquí viene la cuestión que en realidad guía todo este artículo. Porque el término entretenido parece ir acompañado de solamente, es decir, es "entretenida" y nada más. Pero ¿es necesario que sea algo más? ¿No basta con que una película sea divertida? Es probablemente un debate sin solución, porque tampoco es que haya que borrar de la historia del cine los clásicos más profundos. Porque, dando la vuelta a la tortilla, ¿llamaríais aburridos a estos clásicos?

 

 

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