La marea que no cesa

 

El vertido de petróleo en el golfo de México entra en la lista de los mayores desastres ecológicos

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

El pasado 20 de abril, por causas que aún no se han aclarado suficientemente, la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, --ubicada en el golfo de México, a 1,6 km. de la costa estadounidense--, sufre una explosión que acaba con la vida de once de sus 126 trabajadores. La plataforma, alquilada por la compañía BP (British Petroleum) se hunde dos días después, y lo que había empezado como un pequeño vertido se convierte en lo que es hoy en día, un desastre que amenaza con ser, si no el mayor, uno de los más importantes de la historia en cuanto a contaminación del mar.

Así lo resume Julio Barea, responsable de Contaminación de Greenpeace. Las causas del accidente no están claras, pero un experto en explotaciones petrolíferas, que prefiere permanecer en el anonimato, apunta por dónde podrían ir los tiros. "En las explotaciones podemos distinguir dos fases: La perforación de la bolsa de petróleo y la extracción", explica. En este caso la explosión sucedió en la etapa intermedia, cuando se está finalizando la perforación pero la extracción aún no está normalizada. "En ese momento se liberan muchos fluidos de la bolsa --que está a gran presión--, tanto gases como crudo, y se pueden producir explosiones como la que ocurrió. Aunque, obviamente, normalmente las medidas de seguridad lo impiden. Pero en este caso, no sabemos por qué, no fue así".

Volviendo al testimonio del ecologista, asegura que "fallaron las tres válvulas de seguridad para impedir este vertido", lo que provocó el desastre. Pero aunque no hubiera sido así, desde Greenpeace aseguran, por un lado, que existen muchas medidas de seguridad relativamente baratas para estas explotaciones, "que se aplican en otros países" y que sin embargo en Estados Unidos no son obligatorias. Yendo más allá, Barea explicaba que, "por muy grandes y estables que parezcan, las plataformas para la extracción en alta mar no se pueden anclar de manera firme, --lógicamente el lecho marino está a unos 1.500 metros en esa zona-- y acaban siendo casi pajitas flotando en la corriente".

El experto en explotaciones niega estas valoraciones, y asegura que este tipo de plataformas son, además de muy caras, muy seguras. "Tienen una tecnología muy compleja, con sistemas de perforación avanzados y contínuos controles en tiempo real de la presión del crudo, problemas en la explotación, etc.". Con lo que este tipo de accidentes serían una rarísima excepción, "una cadena de fallos". También, contrariamente a las acusaciones de la oenegé, sostiene que la legislación de seguridad de EEUU para estas explotaciones en alta mar es "bastante fuerte".

Habrá tiempo de depurar responsabilidades, y ya se están produciendo las primeras actuaciones judiciales, pero de momento lo que urge es actuar. La compañía responsable, BP, lo intentó el pasado 9 de mayo con la colocación de una enorme campana extractora, que pretendía bombear el petróleo a un barco en lugar de al mar, "aunque hubiera detenido un 80% aproximadamente, no todo el vertido", según aclara Barea. Hubiera sido mejor que nada, en cualquier momento, pero la cuestión es que la campana se congeló y la idea se fue al traste. El amasijo de hierros que compone la plataforma hundida parece que dificulta las tareas de bloqueo de la fuga.

Con este panorama, la compañía petrolífera ya ha estimado --"y lógicamente, sus cifras suelen ser optimistas"--, que tardarán unos tres meses en sellar la fuga. Contando incluso con los números de BP, que hablan de 160.000 litros vertidos al día (otros organismos oficiales suben hasta 800.000), la catástrofe podría ser la mayor de la historia en tres meses. No en vano, como señala Barea, "ya se ha vertido el doble que en el desastre del Prestige a estas alturas".

La cuestión es que todo este petróleo llega en un momento especialmente inoportuno. "Estamos a principios de la primavera, fase especialmente sensible para muchas especies que tienen la zona como hábitat reproductor", indica Barea. Hay que tener en cuenta que en la zona se sitúan aproximadamente el 40% de los humedales de Estados Unidos. Más de 600 especies, muchas de ellas en peligro de extinción, tienen al golfo de México como su hábitat. El experto en explotaciones asegura que "las consecuencias no se pueden preveer, porque por ejemplo se hablaba de un siglo para recuperar la zona del Prestige y en dos años se limpió todo"; Barea, por contra, esgrime el ejemplo del Exon Valdez, desastre ocurrido en el 89 en la zona de Alaska donde "aún se detectan restos de hidrocarburos en la fauna". Sea como fuere, en lo que hay que darle la razón al de Greenpeace es en que "el hombre es el único animal que tropieza no dos, sino miles de veces en la misma piedra".

Visita: www.greenpeace.es o www.fecyt.es

 

 

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