Modelos de mujer (u hombre)

 

Lucía Santas, IES Juan de Lanuza, Borja

Estaba el otro día en el parque esperando a los amigos en un banco y detrás de mí había un grupo de chicas. Les oí decir a una que se había engordado no sé cuantos kilitos y que tenía que hacer ejercicio y tal y cual y que estaba como una foca. Las otras, claro está, le decían que no, que si ella era una foca yo era un mastodonte, y así todo el rato. Acto seguido, se levantaron y me las quedé mirando: ninguna de ellas era ni una foca ni un mastodonte. Es más, parecían palos con patas. Les hubiera convenido engordar unos cuantos kilos, pensé. ¿Esto es en lo que nos hemos convertido? ¿Es que tenemos que encarcelarnos en un cuerpo 10, en una Venus?

Esta obsesión por tener un cuerpo diez, según afirma Mari Carmen González, coordinadora de Adaner (Asociación en defensa de la atención a la anorexia nerviosa y bulímica), "empieza por los problemas con los que se encuentran con las tallas", debido a la diferencia de tallas entre unas tiendas y otras y a la reducción de ellas. Y esto ocasiona la amputación del cuerpo de la mujer y la gran epidemia de anorexia y bulimia, que ya llega a 500.000 enfermos.

En España, un 9% de chicas entre 14 y 16 años emprenden una dieta y un 15% están hospitalizadas por anorexia. "Pero, ¿cómo puede mi niña o mi niño creer que está gordo?", puede uno preguntarse. Muy fácil: encienda el televisor, mire cualquier revista, observe los paneles publicitarios... Vivimos en el mundo de la perfección, señoras y señores. Gente delgada, gente con dinero, gente sin problemas, gente con caserones que ni el palacio de Versalles... En definitiva, gente de ensueño, proveniente del país de las maravillas.

Pero eso no es todo, con esto nos quedamos cortos. Ahora viene el mundo de los modelos, la moda e incluso maniquíes, que también exhiben sus descomunales cuerpos. Personas que desfilan orgullosas ante un público expectante, deseando poder lucir esos taconazos que estilizan esas piernas o poder lucir esa camisa con el torso de toblerones.

Con esto no quiero meterme con los/ las modelos, que es una profesión tan digna como otra cualquiera, pero los jovencitos y jovencitas desean llegar a conseguir ese cuerpo que desfila ante ellos y sufren al no poder conseguir ese vestido tan bonito.

Como afirma Elvira Lindo, "hombres y mujeres son los encargados de pasear ante nuestros ojos un producto deseable. Aquí empieza el retorcimiento del asunto: las chicas jóvenes no aspiran a comprarse el traje (...), lo que verdaderamente desean es llegar a ser como las modelos".

Lo único que quieren es estar tan delgadas como la que desfila por el televisor, en la revista o en los paneles publicitarios, capaz de entrar en una 36 ó 34. Luego está la moda en su estrecha relación con las revistas juveniles, que es otra vez vuelta a lo mismo: publicidad, capitalismo y mundo perfeccionista. Y ya, el colmo de los colmos, los maniquíes, tan perfectos como si fueran a un certamen de belleza.

¿Dónde está la gracia del ser diferente? ¿Dónde se esconde la originalidad? ¿Dónde dejamos nuestras preciadas cartucheras? Nuestro cuerpo, antes metáfora del alma, es metáfora del éxito. En definitiva, cada vez nos parecemos más a los maniquíes: perfectos, iguales y manipulados.

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de t Opinas

 

 
Contacto | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón