Las dos caras de la Ley de la Montaña

 

Carlos Pauner repasa la cara amable y la menos buena del mundo del alpinismo con motivo del triunfo de Edurne Pasaban a la hora de conseguir los 14 ochomiles

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

Hace una semana, la montañera guipuzcoana Edurne Pasaban alcanzaba el objetivo que llevaba esperando muchos años, conseguir hollar la cima de los 14 picos de más de 8.000 metros de altura que existen en el mundo. El reto comenzó el 23 de mayo del 2001, con el Everest, y terminó el pasado lunes con el Shisha Pangma, ambos en el Himalaya.

Pasaban personificó con esta ascensión el lado más amable del alpinismo, que estamos acostumbrados a ver representado en figuras como Juanito Oiarzabal o Carlos Pauner. Precisamente el montañero aragonés se convirtió hace poco en triste protagonista de la otra cara del alpinismo con el fallecimiento de su compañero de expedición Tolo Calafat.

Pauner pondera el triunfo de Pasaban. "Es un proyecto a muy largo plazo, en total debe de haberle costado unos 15 años, un proyecto difícil y muy arriesgado". El aragonés pone en valor "que sea la primera española, y además contribuya a dar los primeros pasos de lo que deben conseguir otras mujeres en el mundo del alpinismo". Pauner se refiere a la ascensión de los picos sin ayuda de oxígeno, "como se deben subir"; un objetivo que la alemana Gerlinde Galtenbrunner, que lleva doce, está cerca de alcanzar.

Pasaban ha manifestado que "seguramente" ha sido un camino "inútil", pero ha sido "hermoso". Es una inmejorable definición del espíritu de los montañeros, que no rinden cuentas a nadie más que a sí mismos y a su afán de superación. Como se ha dicho de ellos, son de los pocos héroes que quedan en una sociedad necesitada de ellos.

Naturaleza, superación y espíritu de equipo, las guías del deportista

Quizá haya quien se pregunte qué es lo que tiene de maravilloso el alpinismo, a juzgar por las congelaciones y la cara de agotamiento de los montañeros al volver de las expediciones, cuando consiguen volver. Muchas veces, por cierto, a la clínica MAZ de Zaragoza, de gran prestigio en este campo. Pauner expone que, en primer lugar, es una actividad que "se desarrolla en un medio extraordinario, en plena naturaleza; una naturaleza además poco transformada en comparación con lo que solemos ver".

En cuanto a la formación en valores que promueve el deporte bien entendido, el alpinismo enseña a lidiar con los retos. "Vas progresando, marcándote nuevas metas, nuevas ascensicones que aumentan claramente los peligros a medida que adquieres destreza, y tienes que ir adaptándote a todo eso". En definitiva, como explica Pauner, se trata de una actividad que "te forma física y mentalmente, con valores de superación, de compartir cosas, de trabajar en equipo..."

Habrá a quien le extrañe que el jacetano hable de espíritu de equipo en un deporte que, a tenor de lo que se suele ver en la televisión y los periódicos, tiende a valorar los éxitos personales. Sin embargo, Pauner explica que, en realidad, "el único momento en el que un escalador está solo es en la parte más cercana a la cumbre, en la cota más cercana a los 8.000 metros, lo que se llama zona de la muerte". Y esto si hablamos de grandes expediciones a ochomiles, en caso contrario el equipo permanece unido en todo momento, "incluso en las partes más duras como las de escalada en roca".

Quizá después de todo lo dicho se os haya despertado el gusanillo de iniciaros en el montañismo y la escalada. Carlos Pauner explica los primeros pasos que debería dar cualquier interesado: "No viene mal empezar con excursiones a la montaña y demás, pero si nos queremos alejar del senderismo y realmente entrar en la escalada hay que hacer cursos", asegura Pauner. "Cualquier club de montañismo o federación los ofrece, y vienen muy bien".

La utilidad de estos cursos no solo está "en la técnica necesaria para la escalada que te enseñan", sino en conocer gente. "Es fundamental, empiezas a conocer personas que van aprendiendo a la vez que tú y vas organizando salidas y escaladas con ellos". Esta es la mejor manera de ir introduciéndose en el mundo del alpinismo y conocer distintos lugares de escalada. Llega a convertirse en una aunténtica alternativa de ocio, como lo fue en el caso del aragonés: "Yo empecé a los 15 años, y mi vida los fines de semana era irme el viernes por la tarde a algún lugar a escalar con el grupo y volver el domingo. No te ibas de copas casi nunca y viajabas mucho, conociendo mucha gente nueva y muchos lugares".

Una objeción que se puede hacer, fruto del desconocimiento, es que es una actividad que resulta muy cara, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de subvenciones y patrocinios que necesitan los profesionales. Pero, como explica Pauner, "lo que es caro es escalar ochomiles. En primer lugar por el viaje pero también porque no son montañas de acceso libre, hay que pagar permisos a las autoridades para escalarlas".

De ahí que los que se dedican contínuamente a estos grandes retos sí requieran de grandes capitales, pero no son imprescindibles si se trata de un capricho. "Mis dos primeros ascensos a ochomiles los pagué yo de mi bolsillo", explica el aragonés, como ejemplo. En cualquier caso, no hace falta ser ochomilista para disfrutar de la montaña. Y los Pirineos están mucho más cerca que el Himalaya...

Una pasión difícil de entender "en un terreno de juego impresionante"

El mayor reto de un alpinista son los ochomiles. No solo por la fama y la gloria que representan, como en el caso de Pasaban, sino por la dificultad que presenta su escalada. Para Pauner, se trata de montañas "como todas, con sus zonas de roca, etc.", pero con tres características que las diferencian. "En primer lugar, su lejanía. En segundo lugar, el mal tiempo que reina a esas alturas, con corrientes de aire contínuas y frío intenso", prosigue Pauner. Pero sin duda lo más representativo de los peligros de estas ascensiones es el oxígeno. "A esas alturas la sangre transporta solo un tercio del oxígeno y no se puede vivir con eso", resume el escalador. "De hecho, si de repente te soltaran a 8.000 metros de altura tardarías pocos minutos en morir". De ahí que las expediciones requieran un tiempo de aclimatación en los campos base para ir acostumbrando al cuerpo a la altura. "Aún así, solo tienes unas horas. Es como un cronómetro y tienes que acabar la ascensión antes de que llegue a cero".

A menudo surge la pregunta de por qué los sherpas, los nativos que hacen el mismo recorrido que la expedición y además llevan la carga, tienen tanta resistencia: “es gente que ha nacido en las aldeas de allí, a 4.000 metros de altura. Son generaciones en la que los mejor adaptados a la altura han ido transmitiendo su herencia", explica el jacetano.

Lo malo de estos retos es que, precisamente por serlo, no siempre salen bien. La prueba reciente es el fallecimiento de Tolo Calafat. De ahí que mucha gente no comprenda la pasión de estos hombres por algo que, bastante a menudo, conduce a la muerte. Para Pauner no tiene nada de extraño. "Vamos buscando un reto que casi nadie en el mundo ha podido superar (algunas de estas montañas solo las han hollado 150 personas en el mundo), es una lucha contra nosotros mismos y contra los elementos, superamos los desafíos sin más ayuda que nuestras propias fuerzas. A mí también me cuesta entender cómo alguien dedica su vida a correr en pantalón corto detrás de un balón, o a tocar el violín. Y nosotros sí que tenemos un terreno de juego impresionante en nuestro deporte", justifica. En definitiva, que uno no elige sus pasiones; pero bien explicada, esta no parece ser una locura. No del todo, al menos.

Visita: www.carlospauner.com y www.edurnepasaban.net

 

 

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